Mostrando entradas con la etiqueta Bartolomé Mitre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bartolomé Mitre. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de octubre de 2012

Rivadavia; Adelantado o Fuera de Tiempo

Bernardino Rivadavia
El decreto del Gobierno de Buenos Aires, que firman el gobernador Pastor Obligado y sus ministros Velez Sarsfield, de la Riestra y Mitre, dice en sus considerandos que debía hacerse una demostración pública de la gratitud del pueblo de Buenos Aires a los servicios que prestó a su patria el Sr. Rivadavia, para;
"vindicar su grande nombre de las persecuciones y calumnias que sufrió durante los largos años que dominó un tirano en este pueblo, hasta morir en el destierro".
Entre las honras que se dispusieron por el decreto citado figuraba la constitución de una comisión calificada para levantar, por suscripción popular, la estatua a Rivadavia, y bajo la estatua, en caja cerrada, se pondría el registro oficial y nacional desde 1821 hasta la terminación del gobierno de Rivadavia, el título de presidente de la República y una copia del decreto. El acompañamiento se realizaría por la calle de la Federación, que desde ese día se llamó Rivadavia.

De esta manera se recibieron en Buenos Aires, los restos del polémico estadista en el mes de Agosto de 1857. Al llegar la urna hablaron la presidenta de la Sociedad de Beneficencia fundada por Rivadavia, José Mármol y Domingo Sarmiento. Bartolomé Mitre, entonces Coronel del Ejército de Buenos Aires, por entonces separada de la Confederación Argentina, pronunció en nombre de la institución castrense un henchido discurso.
Años mas tarde, el 20 de mayo de 1880, nuevamente Bartolomé Mitre leyó en la plaza de la Victoria su famosa oración:
"Es el más grande hombre civil de los argentinos, padre de sus instituciones libres, cuyo espíritu renace en este día a la vida de la inmortalidad en los siglos".
La Academia Nacional de Historia, cuya historiografía es tributaria de Mitre, señala los adelantos, instituciones y sucesos rivadavianos:
Sistema representativo, sufragio universal, educación del pueblo, inmigración y colonización, tolerancia de cultos, igualación de derechos civiles, reforma eclesiástica, establecimientos de crédito, sistema rentístico, enseñanza superior, universidad y colegios, justicia uniforme, ley de olvido, abolición de fueros personales, seguridad individual, inviolabilidad de la propiedad, beneficencia pública y sociedad de beneficencia, administración de vacuna, organización de correos, departamento topográfico, ingenieros hidráulicos, arquitectos civiles, puertos y canales, higiene pública, ciencias físicas y exactas, mejora de cárceles, ornato público, jardín botánico, cementerios públicos, vías de comunicación, museo y biblioteca, mercado de abasto, registro civil, cajas de ahorro, jueces de paz, pueblos de campaña, sociedad de agricultura, laboreo de minas, consolidación de deuda, crédito exterior, publicidad y estadística...
Mausoleo de Rivadavia en Plaza Miserere. Inaugurado el 3 de Septiembre de 1932




     
JAURETCHE, OTRO HOMENAJE

El mordáz Arturo Jauretche, hoy convertido en profeta y apóstol de los cuadros militantes nacionalistas, tenía otra visión acerca del significado de Rivadavia. Intentando una respuesta al discurso de Mitre el escritor nacional y popular le dedicó al funcionario unitario algunos apartados de su "Manual de Zonceras Argentinas" expresados en el modo irónico que caracterizó su estilo;
"Como el prócer (Rivadavia) no acertó en una sola de sus fantasías concebidas y ejecutadas a destiempo, la enseñanza oficial invirtió los términos y en lugar de proponer a Rivadavia como el hombre que actuaba a destiempo, lo propuso como el hombre que se adelantó a su tiempo de manera tal que del desacuerdo de las cosas de Rivadavia con el tiempo, tiene la culpa el tiempo y no Rivadavia. Y también los que actuaron a tiempo".
También el fundador de FORJA evocó en su libro a la autoridad indiscutida que le supone contar con el General José de San Martín de su lado, y citando una supuesta carta al chileno  Pedro Palazuelos dónde el Libertador dice de Rivadavia;
"quería improvisar en Buenos Aires la civilización europea con sólo los decretos que diariamente llenaban lo que se llama Archivo Oficial... lo que siguió en Buenos Aires por el célebre Rivadavia que se empleó sólo en madera para hacer andamios para componer la fachada de lo que llaman Catedral, 60.000 duros; que se gastaban ingentes sumas para contratar ingenieros en Francia y comprar útiles para la construcción de un canal de Mendoza a Buenos Aires; que estableció un Banco donde apenas había descuentos; que gastó 100.000 pesos para la construcción de un pozo artesiano al lado de un río, en medio de un cementerio público, y todo esto se hacía cuando no había un muelle para embarcar y desembarcar los efectos, y por el contrario deshizo y destruyó el que existía de piedra y que había costado 60.000 pesos fuertes en el tiempo de los españoles; que el Ejército estaba sin pagar y en tal miseria que pedían limosna los soldados públicamente, en fin, que estableció el papel moneda; que ha sido la ruina de aquella República y los particulares". 
Arturo Jauretche
Continuando el juego dialéctico que lleva a cabo con el discurso dado por Mitre, Jauretche expresa que:
"el mismo Mitre corrobora que el hombre que se adelantó a su tiempo, era simplemente un macaneador a destiempo. Se le escapa en la misma arenga cuando dice: Años después  Rivadavia leía en el destierro La Democracia en América, de Tocqueville (años después de ser gobernante, es decir, de haberse adelantado a su tiempo). Continúa Mitre en su famosa arenga diciendo que entonces Rivadavia tuvo la revelación plena del sistema de gobierno que convenía a los pueblos libres. Tan abierto estaba siempre su espíritu a las demostraciones de la verdad que al hablar de su obra con sus compañeros de desgracia, decíales con la humildad y sinceridad del hombre convencido: Es necesario confesar que éramos unos ignorantes cuando ensayamos construir la República en nuestro país.
De manera que si Rivadavia hubiera leído a Tocqueville antes de ser Presidente, se habría comportado de otra manera, y no como un ignorante. ¿Y éste es según su propia confesión el hombre que se adelantó a su tiempo, cuando resulta que estaba atrasado hasta en las lecturas? ¿Y de manera que dependió de un librito y su lectura el destino que para el país proponía Rivadavia? ¿Si hubiera leído a Tocqueville se habría adelantado a su tiempo o hubiera actuado a tiempo?"
Sobre la frase que reza el más grande hombre civil de la tierra de los argentinos, Jauretche intenta atacar el aspecto moral de Rivadavia citando nuevamente la autoridad del General San Martín quien se refirió en su momento al golpe de Estado de 1828 ejecutado por Lavalle y que terminó con la vida del gobernador Manuel Dorrego:
"Los autores del movimiento del 1° de Diciembre son Rivadavia y sus satélites, y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no sólo a este país sino a toda América, con su infernal conducta.
Si mi alma fuera tan despreciable como la suya, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres, pero es necesario enseñarles la diferencia que hay entre un hombre de bien y un malvado".
A los mismos efectos y refiriéndose al mismo suceso, Jauretche cita al sanjuanino Salvador María del Carril, quién fue ministro de Hacienda de Rivadavia. En carta dirigida a Lavalle del Carril le propone al León de Riobamba, inventar a posteriori un acta para justificar el fusilamiento de Dorrego comprometiendo al ex-presidente de la Constitución Unitaria de 1826: 
"Me tomo la libertad de prevenirle que es conveniente recoja usted un Acta del Consejo Verbal que debe haber precedido la fusilación. Un instrumento de esta clase, redactado con destreza será un documento muy importante para su vida póstuma. El señor Gelly se portará bien en esto: que le firmen todos los Jefes y que aparezca usted confirmándolo. El señor Julián Agüero y don Bernardino Rivadavia son de esta opinión y creen que lo que se ha hecho no se completa si no se hace triunfar en todas partes la causa de la civilización contra el salvajismo"

Fuentes:
  •  Ricardo Levene, La cultura histórica y el sentimiento de la nacionalidad, Segunda Ed. (1946), Espasa-Calpe Argentina.
  •  Arturo Jauretche, La colonización pedagógica y otros ensayos (Antología), Centro Editor de América Latina S.A. (1982).

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Una Casa para Don Bartolo


UN REGALITO

El más enaltecedor homenaje que le rinden a Mitre al poco tiempo de cumplir su mandato presidencial, se registra el 23 de enero de 1869, cuando tres vecinos de la ciudad de Buenos Aires, el doctor Angel María Méndez y los señores Juan José Méndez y Mauricio Pennano, se presentan ante el escribano público José Victoriano Cabral y, en tanto en su propio nombre, como en el de los demás integrantes de una comisión constituida al efecto declaran: "Que inspirados por los leales servicios prestados por el señor Brigadier General don Bartolomé Mitre a la libertad del país durante largos años de privaciones, sacrificios y peligros, especialmente mientras ha ejercido la primera magistratura de la República, salvando las más violentas crisis sin comprometer las garantías de la sociedad... Que los comparecientes rindiendo homenaje a la verdad de estos hechos y considerando que don Bartolomé Mitre desciende a la vida privada en condiciones modestas por la exigüidad de las retribuciones con que la Nación recompensa todos los servicios sin distinguir los que implican y simbolizan abnegación de los ciudadanos que se consagran a procurar a sus semejantes la posesión y el más amplio ejercicio de la libertad: Que en ejecución de ese propósito compraron con la suma recolectada con ese fin, al doctor don Angel Medina, la finca que habita el señor Mitre, calle San Martín número ciento cuarenta y cuatro"..."En consecuencia hacen donación formal y transferencia en favor del señor Brigadier General don Bartolomé Mitre".

Casa de Bartolomé Mitre, actualmente convertida en museo. Ciudad Autónoma de Buenos Aires






















             
               
PROVEEDORES DEL PARAGUAY

La guerra contra el Paraguay requirió alimentos, vestuarios, carpas, caballos, forrajes, armas y sus respectivos proveedores. Uno de ellos, el señor Anacarsis Lanús, cuya compañía llamada Lanús Hnos., con la fianza de Ambrosio Plácido Lezica y José G. Balcarce firma contrato con el gobierno el 28 de febrero de 1866, para la provisión de raciones al ejército a partir del ingreso de este en tierra paraguaya.

Otro de los que hicieron sus negocios con el gobierno de Mitre fue el otrora rosista José Gregorio Lezama. Ya había estado actuando como proveedor en 1852, cuando Urquiza le otorga (a él y a Juan Cruz Ocampo) a su pedido la provisión de "los vestuarios, armamentos, monturas, calzados y todos los artículos que el Estado necesite para provisión del ejército, incluyendo no solo la marina y guarniciones de la ciudad, sino también las de las fronteras y el negocio pacífico de los indios..."
En carta del 30 de septiembre de 1865, Mitre desde la ciudad de Concordia, le escribe a su ministro de Guerra el General Juan Andrés Gelly y Obes: "el gobierno me comunicó confidencialmente el contrato celebrado para la proveeduría del ejército con los señores Lezama y Galván". Luego, el 31 de julio, Mitre escribe a Gelly y Obes notificándole  que Lezama y Galván le habían presentado las muestras del vestuario para oficiales. De lo que puede inferirse que antes de firmar los compromisos contractuales Lezama y Galván ya eran de hecho quienes suministraban los bienes.



Son estos proveedores los que con el más noble sentido de gratitud regalan a Mitre la casa de la calle San Martín. A propósito de esto Sarmiento escribe a su amigo Sarratea: "Su casa de él (Mitre) mismo fue negociada por agentes y obtenido la suscripción de los proveedores que mediante el despilfarro de las rentas (alude a Mitre) han ganado millones, como Lezica, Lanús, Galván, que al fin la costearon casi en su totalidad.


Fuentes: - Jorge Newton, Mitre: Una vida al servicio de la Libertad, Ed. Claridad (1965)
              - León Pomer, La Guerra del Paraguay, La Historia Popular Ed. CEAL (1971)

viernes, 27 de enero de 2012

Monumento a Mitre en Recoleta

        El monumento a Bartolomé Mitre es una escultura ubicada en el barrio de Recoleta. Obra de los escultores italianos David Calandra y Eduardo Rubino. Se encuentra emplazado en la Plaza Mitre, entre las calles Agüero, Agote y Av. del Libertador.
      La figura de bronce del general Mitre se encuentra sobre un basamento de granito rojo pulido y rodeado de alegorías hechas en mármol  de Carrara. El monumento fue inaugurado el 8 de Julio de 1927.

·      Al frente la proa de un barco sobre la que se ubica la "Victoria Alada" que alza dos palmas.
      ·      La rodean "El valor civil" (representado por un atleta luchando con un león),
      ·     "La familia" (simbolizada por una joven madre con un niño dormido),
      ·     Completando el grupo, hacia atrás "La victoria", "La angustia", "La armonía" y "El estudio y el pensamiento"














Lucio V. Lopez y su Gran Aldea

“Un buen título desperdiciado”,  “el libro es malo, hecho muy a la ligera…” escribía el autor de la flamante novela, Lucio V. López, a su amigo Miguel Cané en julio de 1884. De hecho, uno de los sucesos por el cual el texto obtuvo trascendencia fue su título y su valor testimonial que ya proclamaba el autor en su subtitulo; costumbres bonaerenses.
Publicada desde el 20 de mayo en el periódico Sud America. Diario aparecido ese mismo mes dirigido por algunos tenores de la generación del ’80 (Carlos Pellegrini, Roque Saenz Peña, Paul Groussac). Era una herramienta política al servicio de la candidatura de Juarez Cellman, las medidas liberales del gobierno de Roca y el enfrentamiento a los grupos católicos en la discusión por el programa educativo.

Lucio V. López
La Gran Aldea es una novela que permite rastrear el pasaje de un Buenos Aires patriota, semisencillo, semitendero, semicultural y semialdea, a la ciudad con pretenciones europeas. Ofrece un testimonio acerca de la incorporación a la vida cotidiana del gas de alumbrado, el tranvía tirado en ese entonces por caballos y otros usos y costumbres de aquella época. El progresivo avance del laicismo y la oposición de la generación del ‘80 a todo lo religioso, es uno de los condimentos que le dan valor al texto.

Julio Roláz es el joven protagonista y narrador de esta novela, quien comienza rememorando los primeros recuerdos de su niñez. Huérfano a los diez años al fallecer su padre (su madre había muerto dando a luz) se hace cargo  de su crianza, su apacible y mujeriego tío Ramón (hermano de su padre), casado con una especie de arpía sin ningún otro atractivo que una gran fortuna.

Los relatos del narrador, comienzan a tomar forma al momento de la batalla de Pavón, en los que el pequeño Julio inmiscuido en los mitines de los que participaba su tía Medea (fanática ultra-porteñista) y su holgazán esposo que auspiciaba de inerte acompañante.
Uno de los animadores de estas reuniones políticas era el Doctor Trevexo (personaje detrás del cual, se escondería la figura de Rufino de Elizalde). Modelo de político pragmático descreído del estudio de las ciencias, muy ducho en recursos y ardides. Más tarde, cuando la aldea ha comenzado a ser una ciudad moderna, el carismático líder ha perdido ya, todo su protagonismo en la política porteña.

Los vaivenes políticos estaban a flor de piel en aquellos años de primeros intentos de una verdadera conformación nacional. Así el personaje nos comenta que “cuando hablaba Don Buenaventura (pseudónimo elegido para nombrar a Bartolomé Mitre), lo saludábamos con una lluvia de aplausos, y cuando los urquicistas pedían la palabra, se armaba la gorda”. 


Las constantes disputas harían que la provincia de Buenos Aires quedara separada del resto del país, conformando ambos estados sus respectivas constituciones y no incorporándose a la Confederación Argentina hasta después del Pacto de San José de Flores de 1859.

En un momento en el que la guerra y la política no diferenciaban claramente sus límites, en tanto la guerra era uno de las herramientas de la política. El autor pone en boca del estrambótico Trevexo un discurso que evidencia, el estatismo de la época, efectivización del estado opulento donde el ciudadano cumple con la primordial función de ser un instrumento de este. “El soldado muere en el asalto… la metralla lo quema y despedaza, pero muere sin responsabilidad. La responsabilidad de las grandes luchas electorales como de las grandes guerras está en los generales: el soldado no muere sino materialmente, de un bayonetazo, de un tiro de fusil…pero el descalabro de una campaña política o militar es la muerte moral de los jefes…


La Política

El espíritu democrático no arraigado y el hecho de que la política era tema solo de los más entendidos. Esta forma elitista de comprender el Estado queda evidenciada en esta otra parte del discurso. “La forma democrática se inspira en el derecho natural. En la tribu, los más fuertes asumen la dirección de agrupaciones humanas: el derecho positivo codifica la sanción de las legislaciones inéditas del derecho natural. El Estado soy yo decía Luis XIV y nosotros decimos: El pueblo somos nosotros.”

“En el sufragio universal, el sacrificio está impuesto a quienes dirigen. Como en la armonía celeste, el sol se encarga de producir luz y los planetas de girar, apareciendo y desapareciendo como cuerpos automáticos sin voz ni voto…
¿Qué sería de nosotros si entregáramos el voto popular a las muchedumbres? Nosotros somos la clase patricia, nosotros representamos el buen sentido, la fortuna…la gente decente. Fuera de nosotros es la canalla, la plebe quien impera. Seamos nosotros la cabeza, que la plebe sea nuestro brazo.
Podemos lanzar la lista con toda libertad y en seguida lanzarla. Todo el pueblo la acatará. Nuestra divisa es la obediencia.
No hay nada más hermoso que ver esa gran máquina humana movida por una sola voluntad.
Treinta mil, cuarenta mil seres racionales ocupando 10 cuadras de la calle florida, aplaudiendo a viva voz, obedeciendo una orden… vivando simultáneamente el nombre de su divino jefe” Divino jefe que no era ni más ni menos que Don Buenaventura.

Luego de exaltados los ánimos de la selecta concurrencia reunida, se proclamó la lista electoral que llevaría a Mitre a ser gobernador de Buenos Aires.

Pavón

Después de que Urquiza se replegara inexplicablemente y mientras Derqui renunciaba y se refugiaba en Montevideo al ver que el país era invadido; pocas semanas más tarde, el vicepresidente Pedernera declaraba caduco el gobierno nacional. Mitre proyectó su influencia sobre todo el país: todos los gobernadores federales –con la notable excepción de Urquiza – fueron derrocados en las semanas finales del año y en las primeras de 1862. Algunos lo fueron por los unitarios locales, contando con la cercanía de las fuerzas porteñas, y otros lo fueron directamente por el ejército porteño que invadió esas provincias.
Mitre fue elegido presidente de la Nación por medio de elecciones organizadas por los nuevos gobiernos; tanto en la elección de éstos, como en la de aquél, los candidatos federales estaban proscriptos. Junto a Mitre se hizo sentir el fuerte núcleo porteñista que constituía su base política, copando los ministerios y buena parte de las bancas del Congreso.

Guardia Nacional de Pavón


“Aquella noche (18 de Septiembre de 1861) no se hablaba sino de política y solamente los que hemos vivido bajo la atmósfera caliente de Buenos Aires de entonces, podemos apreciar la importancia que tenían las pláticas de los mostradores de la calle Perú y de la calle de la Victoria…”

“¡Cohetes!  - exclamó don Narciso-, ¡boletín, ese es boletín Vaya, Caparrosa –agregó dirigiéndose al muchacho cadete de la tienda -, vaya y compre el boletín de un salto, y vengase volando.”


La llegada del ejército triunfante

“Una tarde del mes de enero, entró mi tío Ramón a casa con la noticia de que al día siguiente desembarcaría el ejercito vencedor por el muelle de pasajeros”. “Mis tíos habían invitado a todas sus relaciones para ver pasar las tropas desde los balcones”. El personaje recuerda que “todas las elegancias, todo el caudal de las modas habían sido reservadas para aquel día.”

Julio relata su experiencia de ir al Bajo a recibir a las tropas, donde hoy se encuentra la avenida Leandro N. Alem, el amontonamiento de gente y su anécdota con dos señoritas del barrio, por aquel entonces, poco distinguido de Monserrat.
El festejo continuaba por la noche en el Teatro de la Victoria, el cual había sido inaugurado en 1838 y se ubicaba en las actuales Hipolito Yrigoyen entre Tacuarí y Bernardo de Irigoyen. Poseía 500 butacas y fue la primera sala cuya iluminación fue realizada con lámparas de aceite en lugar de velas de cebo. La Gala en aquel teatro contó por entonces con la presencia del recién arribado General Mitre.


Los cambios sociales

Luego de un periodo de latencia, en que el protagonista pasa un tiempo fuera de la Aldea porteña, el joven Julio regresa a Buenos Aires.  No le es indiferente todo cuanto a la transformación operada en la ciudad, y se muestra nostálgico ante los cambios en las fachadas de los negocios. “Las tiendas europeas de hoy, hibridas y raquíticas, sin carácter local, han desterrado la tienda porteña de aquella época… ¡Oh, qué tiendas aquellas! Me parece que veo sus puertas sin vidrieras, tapizadas con los percales, cuyas piezas avanzaban dos o tres metros al exterior sobre la pared de la calle…”. De hecho la vidriera recién comienza a incorporarse a mediados del siglo XIX, siendo frecuente que los negocios exhibieran parte de su mercadería en su parte exterior o en la vereda.
También recuerda algunas características de los ya antiguos vendedores. “Había además los tenderos-sirenas, llamados así porque su cuerpo estaba dividido por el mostrador…” En fin…

La aldea de 1862 tenía muchas cosas de ciudad; se viajaba a Europa, las mujeres cultivaban las letras. La vieja moda que envolvía a las mujeres en verdaderas bolsas de tela, había desaparecido, ni los filosofos podían pasear de cuatro a cinco por la calle Florida sin conmoverse ante los cuerpos de las mujeres del dia.

“Los tenderos de aquella época habían muerto o desaparecido. El doctor Trevexo, hombre de más talento de su tiempo, había desaparecido de la escena pública”. Su fanática ti Medea “había tomado parte en dos revoluciones chingadas” (La revolución mitrista contra la elección de Avellaneda en 1874 y la revolución contra la federalización en Buenos Aires encabezada por el entonces gobernador Carlos Tejedor) y solo conservaba su puesto en la Sociedad Filantropica.

López da cuenta de “una nueva generación política y literaria” que “había invadido la tribuna, la prensa y los cargos públicos” . “Don buenaventura pontificaba desde lejos en el diario más grande de la América (La Nación). “El autor del facundo revoleaba su temible maza desde las columnas de El Nacional”.

 La nueva sociedad porteña hacia 1880 comenzaba a dejar los viejos hábitos de gran aldea para convertirse en gente cosmo. En apenas unos años, la calle Florida se llenó de anticuarios. Las mujeres competían entre ellas con sus vestidos de alta costura de casas como Mesdames Carreau y Vigneau, Kitty Bell o Worth (que firmaba los tapados como un pintor sus cuadros), y una sofocada multitud se apiñaba contra las vidrieras de los bazares para ver las chucherías recién importadas.
Las conversaciones se “salpicaban con palabras en inglés y francés tratando de pronunciarlas con el mayor cuidado”. Si había algo viejo, había que eliminarlo.
En la residencia del Dr. Montefiori, otro de los personajes, el cambio era contundente: los gustos europeos –o lo que el dueño de casa entendía por gustos europeos– habían invadido el lugar.

El consumo de objetos de arte crecería sin precedentes, más adelante, sostenidamente entre 1880 y 1910.

“Los carruajes eran tirados por yeguas y caballos de raza, de pelo satinado y reluciente con cocheros mas correctos q los tiempos del mulato Alejandro (Antiguo cochero de la familia).”

“yo que había conocido aquel buenos aires patriota, sencillo, semitendero, semicurial… me encontraba con un pueblo con grandes pretensiones europeas que perdia su tiempo en vaguear en las calles y en la cual ya no reinaban generales predestinados. La reflexión de López tiene que ver con la moda europeizante impuesta en aquel momento por las tradicionales familiares.

Se testimonia el auge de la bolsa en donde “todo está permitido como en la guerra, jugar públicamente al alza y clandestinamente a la baja. Lanzar un gato (rumor falso) , dar una noticia de sensación, asegurar que la guerra con chile es un hecho, que nuestra escuadra está en un estado atroz, que nuestro ejército será derrotado en caso de batalla…”


El club del Progreso

En las páginas escritas por López  se encuentra una pequeña descripción acerca de la significancia que tuvo esta institución de la ciudad dentro de la elite porteña. “Era en su momento, algo como una mansión soñada en la cual no es dado penetrar a todos los mortales”.
“La dorada juventud del 52 fundó ese centro del buen tono esencialmente criollo que sin embargo nunca tuvo la distinción aristocrática de un club inglés ni el chic de un de los de París”

Según Juan José Sebrelli, debía concretarse  la fusión de las grandes familias porteñas unitarias y federales que habían estado distanciadas por el período de la dictadura rosista. Tenían el objeto de defender los intereses porteños a través de una institución en donde pudieran volver a confraternizar los que hasta ayer nomas eran enemigos.

Primera sede de Club el Progreso
Según su presidente y fundador Diego de Alvear “allí se reanudaron las relaciones de partido casi extrañas en la dictadura. Y empezó a verificarse la única fusión honorable honorable y útil que reclamaba nuestro país: no la fusión de los hombres de opiniones erróneas con los famosos criminales, sino la fusión de los que sirviendo la dictadura, no envilecieron su nombre con la exageración de pasiones innobles, con los que habían tenido la fortuna de salvar sus convicciones y su fama fuera del látigo de la tiranía”

En el estatuto se reconocían como sus fundamentos “desenvolver el espíritu de asociación, extinguido entonces, con la reunión diaria de los caballeros más respetables, nacionales y extranjeros, uniformando en lo posible las opiniones políticas”
Sin embargo ciertos resquemores hicieron que los federales fundaran el Club del Plata cuyo primer presidente fue don Bernardo de Irigoyen. Para nuestro personoje “ser del club del progreso era chic mientras que ser del club del plata era cursi.”

De carácter ultra porteño. Urquiza tuvo que someterse a votación para ser admitido como socio del Club del Progreso mientras que el Gobernador de Buenos Aires y sus ministros fueron considerados miembros honorarios.

Testigo de la transformación del país en las mesas del Club del Progreso “ha nacido una generación de la cual van quedando pocos representantes”, “jugadores trasnochadores, maridos calavera”, “muchos hombres públicos han estudiado en sus salones el derecho constitucional”.

López da cuenta de la nueva generación con aspiraciones un tanto más democráticas con una de sus ironías “Se me ocurre que algunos de los retratos de los pensadores hacen una mueca cada vez que un pollo hace un discurso de la libertad de sufragio con un golpe que asienta sobre el damero de una reina jaqueada por la chusma de los peones sobrevivientes.”


La oligarquía y La iglesia

La iglesia será una de las víctimas del autor. En el momento en que existía una disputa entre el gobierno y la santa institución. Así describe el protagonista uno de los momentos finales en la vida de su tía. El cura a la hora de la extremaunción “abrió entre sus manos grasas un libro y eructó sobre el cadáver, en latín barbaro y gangoso algunos rezos con la pasmosa inconsciencia de un loro”.
Más adelante relata “Mi tía había sido muy religiosa, su fervor por los frailes y monigotes corría parejo con sus entusiasmos políticos. A su entierro asistías todos los clérigos de las parroquias principales correctos la mayor parte y una delegación de cada cofradía (franciscanos, dominicos) incorrectos desde el punto de vista de la higiene personal.”
Hacía rato que no bastaba con servir a Dios, había que preocuparse más por los quehaceres de este mundo, cosa que no parecían entender ciertos adeptos religiosos.


El   Colón

El teatro Colón fue desde sus inicios un símbolo de clases en Buenos Aires y en La Gran Aldea se encuentra esta pequeña reseña. En su antigua sede frente a la plaza hasta desde el 25 de mayo 1857 hasta 1887 Banco Nación. “Una noche clásica de opera en el Colón reúne lo más selecto que tiene buenos aires en hombre y mujeres. Presidente, ministros, capitalistas, abogados. Aquello es la feria de las vanidades”

El desenlace de esta novela, como otras en las que la tragedia ha sido la forma elegida por algunos de los literatos de la Generación del 80, quienes parecían ver en el estilo de vida imperante, una pérdida del sentido de la vida, de los valores humanos y una necesidad de volver a ellos. Parecían presagiar también el fin de un estilo de vida basado en la ostentación, en la identificación y consiguiente imitación de costumbres europeas.
El mismo personaje de esta historia se quejaba en el funeral de su tía en la Recoleta: “¡Cuanta vana pompa! … muchas leguas de campo, muchas vacas. Los cueros y las lanas han levantado ese mausoleo que no es ni el de Moreno, ni el de García (Manuel José), ni el de los guerreros, ni el de los hombres de letras”.
El mismo Lucio V. López fue un personaje ajeno a la clase ganadera. A pesar de que venía de una de las familias más ilustres. Su abuelo Vicente Lopez y Planes fue quien ocupo la por unos meses la presidencia de la nación a la renuncia de Rivadavia por algo más de un mes antes de que quedara sin efecto el cargo en 1827. Su padre Vicente Fidel Lopez fue uno de los iniciadores de la historiografía en nuestro país, abogadoi de profesión (como su padre y luego su hijo) ocuparía los cargos de ministro de economía de Pellegrini y rector de la UBA. Opositor a Rosas debió partió al exilio directo a Montevideo donde en el año 1848 nacería su hijo Vicente Lucio.

Lucio V. Lopez comenzó su carrera política en el autonomismo de Adolfo Alsina. Junto a Miguel Cané y Aristóbulo del Valle. Como miembro de la guardia nacional participó en la represión al levantamiento mitrista. La posterior conciliación entre Avellaneda, Mitre y Alsina lo apartó del autonomismo fundó el partido republicano con un grupo de jóvenes que encabezaba del Valle.
La descuidada tumba de los López en Recoleta

Ejerció como abogado de manera exitosa teniendo en su buffet a empresas de las más prosperas de la época.
Desde su banca de diputados de la provincia de Buenos Aires se manifestó en contra de la creación de milicias por parte de los gobiernos provinciales.
En 1893, del Valle, encargado de organizar el gabinete del presidente Lius Saenz Peña, llevó a López al ministerio del interior, cargo que ofició poco más de un mes cuando se vio interrumpido por la revolución radical de la provincia de buenos aires que obligo al anciano presidente a reorganizar su gabinete. López fue designado interventor federal de la provincia el 21 de septiembre de 1893.
El 29 de diciembre de 1894 moriría tras recibir una herida de bala al participar en un duelo con el coronel Carlos Sarmiento. El interventor había acusado al militar de malversaciones en el manejo de las ventas de algunas tierras públicas. Acusaciones altamente fundadas, que no tuvieron el efecto que deberían por pertenecer el coronel a los altos  círculos del poder.

“Voy a morir con la convicción de que he sido uno de los hombres más honrados de mi país. He levantado resistencias…pero ellas no venían jamás del lado de los buenos.”.

Sin lugar a dudas la fisonomía de la otrora aldea había comenzado una transformación que no cesaría hasta convertirse en lo que más adelante Martinez Estrada definiría como La Cabeza de Goliat. Pero eso ya forma parte de otra historia.