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sábado, 7 de septiembre de 2013

Freud y Perón

En el año 1971 un joven Pino Solanas realizó su, posteriormente, célebre entrevista al General Perón, la cual se proyectó con el nombre de 'Política y Actualización Doctrinaria para la toma del poder'. La misma tenía como objetivo difundirse entre los grupos activistas del peronismo, los cuales estaban ansiosos por recibir instrucciones de su líder que al momento se hallaba exiliado en Madrid. De aquí han salido muchas de las frases que con el tiempo se repetirían como un eco por sus incondicionales seguidores.
Uno de los temas más recurrentes en esta entrevista es el llamado que Perón hace a sus seguidores, instándolos abiertamente a tomar las armas para combatir al régimen militar que se encontraba en el poder en aquel momento. Llama mucho la atención que estas palabras no sean analizadas de manera crítica, teniendo en cuenta la importancia que reviste la figura de Perón dentro de la política argentina. Por supuesto que el peronismo, al igual que los militares de aquel entonces,  legitima la violencia como una forma de hacer política. 




Sin perjuicio de esto, solamente voy a reproducir aquí un pequeño fragmento de aquella entrevista, el cual no se refiere ya a la lucha armada, sino a una particular forma de proselitismo que pinta de cuerpo entero la esencia de su doctrina. Que cada uno saque sus propias conclusiones...

[...] nosotros hemos preparado bien a la juventud, a los chicos, desde la cuna, ya la mamá iba inculcándoles esto, la intervención de la mujer en la política y los derechos políticos de la mujer tienen su razón de ser revolucionaria. Es decir, que nosotros pusimos a la mujer... ¿por qué? Porque entre el nacimiento y entre los seis años se forma el subconsciente de los niños. Allí es donde hay que meterle el peronismo, ¡lógico!..., porque de eso no se independiza jamás. [...] Esta preparación ya viene desde la niñez, por ello algunos ni se imaginan y dicen: ¡Si éstos no lo han conocido a Perón! ¡Si han nacido después que el peronismo ya había caído en el '55! Sí, bueno, pero nuestros enemigos se encargaron de hacernos buenos, como dice el famoso refrán español: "Detrás de mí vendrán los que buenos me harán".

domingo, 18 de noviembre de 2012

Los Anchorena, el Populismo y la Reivindicación del Gaucho

Al historiar a una familia de la alta burguesía no me propongo sino analizar la clase dirigente de la sociedad argentina. Elegimos a los Anchorena por el carácter mítico que ha adquirido ese apellido, y porque en un determinado momento fue la más representativa. Pero no debe considerarse como una historia particular: ellos no hacen sino ejemplificar un proceso histórico más general, y expresan los intereses e ideología de una clase.Del mismo modo pudimos haber tomado a las familias de Alzaga, Escalada, Lezica, Alvear, Unzué, Oliden, Obligado, Martinez de Hoz, etc.

Juan José Sebreli. Su obra "Apogeo y Ocaso de los Anchorena", pretendió investigar las clases altas
de la sociedad argentina a través del análisis de una de sus familias más representativas.


   
En el trasfondo de la historia argentina, desde la Colonia hasta nuestros días, actúa siempre algún representante de la familia Anchorena, a veces (muy pocas) en papeles preponderantes, mucho más frecuentemente moviendo los hilos entre bastidores o recurriendo a un llamativo intermediario como Rosas, para ocultar su verdadero poder. Hubo Anchorena en el Consulado, y en el Cabildo durante la colonia, y después de la Revolución de Mayo, en el Ejército del Norte, en el Congreso de Tucumán, en el Directorio. Hubo Anchorena con Rosas, y a su caída con Urquiza. Hubo Anchorena en el gobierno de Buenos Aires separado de la Confederación. Hubo Anchorena con Mitre, y después con casi todos los gobiernos, incluyendo los de Yrigoyen y de Perón. Hubo también Anchorena con Onganía. Hubo Anchorena en la presidencia de todas las grandes instituciones de la oligarquía: Jockey Club, Sociedad Rural, Sociedad de Beneficencia, Teatro Colón. Hubo Anchorena en las comisiones directivas de las principales sociedades anónimas, entidades bancarias  financieras. Miguel Anchorena fue uno de los pocos argentinos que perteneció al Jockey Club de París. Un Anchorena se unió con la familia propietaria de "La Prensa" y una Anchorena es accionista de "La Nación", los dos diarios representativos de la oligarquía. Junto con otras cincuenta familias con las que están relacionados por vínculos matrimoniales, de amistad o de interés, los Anchorena forman la clase que gobernó efectivamente el país detrás de los gobiernos títeres formalmente representativos. Llegaron en un momento a ser los poseedores del país más rico de América Latina y de uno del más ricos del mundo, y dilapidaron ostentosamente esa fortuna.


SE DICE DE MÍ

Fabián Gómez y Anchorena que vivió alrededor de 1880, se había hecho fama tal de dispendioso que en la puerta de su palacio en Madrid se amontonaban los mendigos acosándolo cada vez que salía. Recurrió entonces a la treta de vestir a un mucamo con su ropa. Las aglomeraciones de mendigos alrededor del mucamo disfrazado de Anchorena eran tan grandes que una mañana apareció en la calle su cadáver destrozado. Luego Fabián de Anchorena llegó a institucionalizar la limosna, instalando una oficina donde cada semana los mendigos iban a cobrar un jornal. Su esplendidez adquiría las características de una destrucción ritual, como cuando desde su yate tiraba la vajilla de oro al Océano.

Aaron Anchorena, aquel pionero de la aviación argentina, gustaba de hacer destrozar la vajilla por un perro tras celebrar ostentosos banquetes en los hoteles de Europa.

Aaron Anchorena junto a Jorge Newbery momentos antes de cruzar el
Río de la Plata en el globo "Pampa" en diciembre de 1907.

Clara Cobo de Anchorena, según la tradición oral, llevaba en su coche numerosas cajas con guantes, pues cada vez que terminaba de usar un par, lo arrojaba a la calle. Nuevo Heráclito de la moda, no admitía usar dos veces el mismo vestido.


LOS ANCHORENA EN LA CULTURA POPULAR

El apellido Anchorena no sólo tiene prestigio entre las clases altas, sino que ha llegado a hacerse conocido entre las clases populares.  Para la gente que nunca ha tenido ni tendrá la chance de cruzarse con un Anchorena, ese nombre, también forma parte del lenguaje corriente: "más rico que un Anchorena", "no te hagas el Anchorena", "no soy un Anchorena", son expresiones típicas del habla argentina.


EL MITO

No podía faltar el mito del "origen judío". Ha circulado la versión fantástica de que los tres hermanos (Juan José, Tomás Manuel y Nicolás), eran hijos de comerciantes portugueses judíos, y que habían sido salvados de un naufragio donde murieron los verdaderos padres, siendo recogidos en Buenos Aires por Juan Esteban de Anchorena, quien los habría adoptado y dado el apellido. De esta manera los Anchorena tienen también su mito al igual que Edipo, Moisés, Rómulo y Remo, y otros tantos personajes (incluso el propio Jesucristo), para los cuales sus padres biológicos corresponden a personas diferentes de quienes finalmente los criaron. El origen del mito judío, además, está vinculado al prejuicio que asocia a los judíos y el dinero.
La leyenda de los Anchorena judíos es recogida por el historiador revisionista José María Rosa y por Manuel Antín, quienes en el proyecto del filme sobre Juan Manuel de Rosas pensaron en el periodista judío Jacobo Timerman para interpretar a Tomás Manuel de Anchorena.
El carácter imaginario del judaísmo de los Anchorena no excluye, por otra parte, la posibilidad de un auténtico origen sefardita, ya que como ha sido demostrado por numerosos historiadores, la mayoría de las familias tradicionales argentinas tienen ese origen, que desconocen o tratan de ocultar.


  EL ANONIMATO

Tomás Manuel de Anchorena fue diputado en el
Congreso de Tucumán y hacendado rosista.
El gran ruido que en el folklore han hecho los Anchorena, contrasta con el discreto silencio con que pasan por la historia oficial. Silencio que contrasta aún más si se tiene en cuenta la necesidad de rescatar un pasado prestigioso, y a veces también de justificar una pensión estatal que lleva a la transfiguración de algún ascendiente más o menos destacado en prócer de la patria, a través de biografías apologéticas encargadas a algún escriba a sueldo. Es así cómo desde Bartolomé Mitre, el género biográfico fue la gran moda de la historiografía argentina. Sin embargo el interés de los Anchorena por pasar inadvertidos, los ha llevado, por ejemplo, a presionar sobre Juan A. Pradere para que guillotinara de su Iconografía de Rosas las hojas con caricaturas de Tomás de Anchorena. Quedan de la versión original solamente una docena de ejemplares que escaparon a la autocensura, y que constituyen una verdadera rareza de bibliófilo.
Los Anchorena nunca han gastado dinero en pagar libros que recuerden a sus antecesores. Como decía Jauretche: "Ahí están los Anchorena, que teniendo un prócer con toda barba como don Tomás, nada hacen por darle a sus blasones, otro lustre que el de los doblones...¡Y pensar que con un mucamo menos hubieran podido tener un Levene o un Gandía con cama adentro!".
A los Anchorena no les interesa la publicidad, no les conviene que se recuerde el origen de su dinero, y tampoco les interesa que las demás clases los vean como los verdaderos responsables del poder político del país. Siempre han ejercido un poder oculto e ilimitado, pasando inadvertidos ante la opinión pública quien siempre ejerce su crítica en otros poderes o personajes más aparentes y superficiales.
La documentación existente sobre los Anchorena en el Archivo General de la Nación o está escrita en clave o es de lo más anodina e inofensiva; la documentación que verdaderamente importa permanece, sin duda, oculta en archivos secretos, en gavetas familiares, en viejos arcones, y la mayor parte ha sido destruida.
Ninguno de los Anchorena ha escrito ha escrito memorias a los que eran afectos los hombres públicos del siglo XIX; pocos historiadores se han ocupado de ellos, salvo la tardía apología de Tomás de Anchorena hecha por Julio Irazusta...

Palacio Anchorena. Hoy llamado palacio San Martín y ex edificio de la cancillería. Retiro 



 
Los historiadores rosistas, de Adolfo Saldías a Julio Irazusta, son pacientes hurgadores de papeles viejos. Pero estos estos manejan principalmente documentación facilitada por la propia familia de Rosas, y por lo tanto cuidadosamente expurgada. Por otra parte, los papeles que pudieran perjudicar a Rosas o a los Anchorena ya fueron destruídos por ellos después de Caseros. Esta destrucción de papeles está documentada en la carta que los hijos de Nicolás de Anchorena (Juan y Nicolás) enviaron a su padre desde Southampton, adonde habían ido a visitar a su tío Rosas; "A tiempo de despedirnos (dicen los Anchorena) nos llevó a una pieza aparte. Nos dijo, como quien no dice nada, que todas las cartas que Ud. (Nicolás Anchorena) posea concernientes a él, lo mismo en poder de la testamentaría las que hubiera de él, las quemase; que él ya había quemado las cartas concernientes a Ud." "Todas las cartas de la Campaña del Desierto y otros papeles posteriores están en poder de mi tío Tomás y le suplica a Ud. sean quemadas".
La necesidad de secreto de sus negocios particulares, llevó a los Anchorena a desinteresarse de los puestos preponderantes (nadie más indicado que ellos para ser gobernadores de la provincia, cargo al que renunciaron cada vez que se los propusieron), ellos prefirieron siempre permanecer entre las sombras, en una actividad silenciosa. De esta manera, la actividad política fue para los Anchorena sólo un medio para asegurar sus privilegios económicos, y siempre que pudieron la dejaron en manos de representantes o testaferros. El General Tomás de Iriarte había observado esa tendencia. refiriéndose a Tomás Anchorena decía que su pretensión "era mandar desde su casa sin revestir carácter público para evitar toda responsabilidad".
A los Anchorena no les interesó nunca ser ministros ni presidentes, les bastó con tener a su disposición a los ministros y presidentes.


Si quiere plata tendrá.
Mi bolsa siempre está llena,
y más rico que un Anchorena
con decir quiero será.

Estanislao del Campo, "Fausto"



POPULISMO OLIGÁRQUICO

El populismo es la forma burguesa de "ir hacia el pueblo", de apropiarse de ciertos elementos de las tradiciones y costumbre populares para integrarlos a una ideología y, de ese modo mantener el control sobre las clases populares.
Desde fines de siglo hasta la llegada del peronismo, el populismo oligárquico estaba representado por los viejos caudillos conservadores (Alberto Barceló fue el más representativo de ellos) que rodeados por de un elemento lumpen (guapos de arrabal como Ruggierito, cantores de tango como Carlos Gardel, y regentas de prostíbulo), ejercían una influencia paternalista sobre el barrio o el pueblo donde se desarrollaban sus actividades.
Caído el peronismo, los representantes de las familias tradicionalesintentaron retomar su hegemonía sobre las masas populares con nuevas formas ideológicas más adecuadas a la nueva etapa de evolución social. Es así como Manuel Anchorena, el hijo de Edda Arrotea de Anchorena, aquella damaque viéramos junto a Spruille Braden en 1945, no vacilará en la década del '70 en mostrarse junto a Perón.


 ROSAS Y PERÓN

El punto de fusión entre la oligarquía ganadera y el peronismo será Rosas. Para los Anchorena particularmente, el rosismo es una especie de privilegio de familia, algo así como un título nobiliario. Manuel de Anchorena, a la vez que trata de reivindicar a Rosas, trata de ligarlo con Perón, para entroncar, de ese modo, un movimiento popular con un pasado oligárquico. Los medios de difusión de Manuel de Anchorena son las agrupaciones que creó y dirigió: la federación Gaucha Bonaerense, la comisión pro repatriación de los restos de Rosas, y el Centro Federal. 
Manuel de Anchorena comenzó sus actividades bajo el ala del gobierno de Onganía. Su primer acto público fue un homenaje a Facundo Quiroga en la Recoleta, en el que participaron centros comunitarios de villas Miserias del Gran Buenos Aires, probablemente bajo las órdenes del entonces ministro del interior Guillermo Antonio Borda, responsable de la represión de Córdoba de 1969.
Otro ejemplo lo dio en 1971 el Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci al celebrar el Día del Trabajador con un acto organizado por Manuel de Anchorena en el Centro Federal. Ochenta y un años después de su primera celebración en la Argentina, el Día de los Trabajadores dejaba de motivar manifestaciones de protesta, para realizarse en un acto académico en una agrupación dirigida por un estanciero, y donde no se recuerda a los mártires de Chicago sino a un estanciero que acostumbraba a castigar a sus peones con el cepo y el látigo.
El propio Perón no deja de fotografiarse en Madrid con el estanciero, quien de paso a Inglaterra se dirigía a rendir homenaje a su antepasado Rosas. En la tarea de reivindicar al máximo representante de su clase, y de su familia (Rosas y Tomás M. de Anchorena eran primos), Manuel Anchorena finalmente logró conseguir la adhesión de los dirigentes de un movimiento que en su momento se declaró acérrimo enemigo de la oligarquía ganadera.


UNA CUESTIÓN FILOSÓFICA

Peronismo y antiperonismo son parcialidades que deben ser asimiladas por una vaga categoría ontológica que ellos llaman el "ser nacional", entendiendo por tal, no la nación concebida como acontecer histórico condicionado por factores económicos económicos y sociales, sino como un organismo natural, biológico (la tierra, la sangre, la raza) y por lo tanto eterno e inmutable.
La negación de la historia lineal donde los hombres y las cosas están en permanente cambio, en movimiento continuo, donde todo fluye, se desarrolla sin cesar, se transforma en su contrario, deviene y pasa (dialéctica hegeliana adoptada por el marxismo y aplicado a la lucha de clases); y su contraposición (pensamiento tradicional de derecha), donde la historia es un ciclo circular (no lineal) repetido hasta el infinito, un eterno retorno donde todo lo que fue vuelve a repetirse bajo distinto ropaje, constituye la fundamentación histórico-social que lleva a interpretar al peronismo como la repetición del rosismo, explicando una situación nueva en base a una historia antigua.

El corriente de pensamiento Nacionalista identifica a Rosas con Perón

Rosas como todo personaje mítico, es un arquetipo, un modelo ejemplar, un paradigma: debe volverse siempre a hacer lo que el héroe mítico hizo en un tiempo legendario, la realidad se adquiere por repetición. Cuando los jóvenes de 1970 escriben en las paredes: "Rosas vuelve", no están realizando sino un ritual, una abolición del tiempo real, del devenir profano, para instalarse en el tiempo sagrado, en el eterno retorno del tiempo mítico. La historia real de Rosas, ocurrida en un tiempo irreversible, se convierte en historia ejemplar, en epifanía primordial que puede repetirse y que encuentra su sentido en la repetición misma. Estamos en pleno irracionalismo de una concepción histórica prehegeliana.
Si juzgamos al rosismo y al peronismo, no de acuerdo a sus formas más exteriores y generales, sino de acuerdo a su significado histórico concreto, comprobamos que son dos fenómenos incomparables: los obreros industriales del peronismo no tienen ninguna continuidad histórica con los gauchos y campesinos que idealiza el populismo rosista. El capitalismo primitivo de la estancia rosista es un mundo completamente muerto y sin ninguna conexión con la sociedad capitalista de hoy. Es inútil que los rosistas actuales se disfracen con posturas revolucionarias y antiimperialistas; ninguna actitud revolucionaria auténtica puede permanecer vuelta a un pasado lejano ni reconocer su conductor en un personaje que expresó una situación histórica hace largo tiempo superada. Un programa político para el futuro no se extrae del Museo de Luján.

En este reemplazo de la ética por la estética, el rosismo, totalmente inoperante desde el punto de vista práctico, se vuelve en última instancia una mera actitud estética, cae en el mero folklorismo.
Ya el poeta y biógrafo rosista Manuel Gálvez afirmaba que la sociedad de extraña originalidad que creó Rosas era de "indudable valor estético, aunque no valía tanto éticamente porque implicaba la reducción de los derechos de la persona". En el rosismo hay un frecuente predominio de lo estético sobre lo ético, de lo folklórico sobre lo político.

El rosismo, de esta manera, afirma la expresión de un supuesto ser del pueblo, con el fin de escamotearle mejor sus derechos. Por eso Manuel de Anchorena no solo creó el Centro Federal, sino también la Federación Gaucha Bonaerense dedicada al carnavalesco revival de las costumbres y tradiciones de la vida campesina del siglo pasado. Lo que en una determinada circunstancia histórica pudo haber sido una fiesta espontánea por medio de la cual el pueblo campesino se evadía de sus duros trabajos, convertida ahora en una ceremonia ritual, con los peones de Manuel de Anchorena disfrazados de gauchos del siglo XIX, resulta una mistificación. Los verdadero campesinos intuyen la falsedad de estas celebraciones que solo complacen a los patrones y a los turistas en busca del color local. El auge del folklore comenzó en las boites más sofisticadas de Buenos Aires, y con el cantor Roberto Rimoldi Fraga terminó asimilando al kitsch. José María Rosa, por su parte, colabora en la industrialización de la figura de Rosas para el cine.

Cuando el pueblo madura va perdiendo las características meramente locales de sus tiempos primitivos. Van perdiendo vigencia las supersticiones y emociones irracionales en que se fundamenta el folklore. Sólo los que tienen interés en mantener al pueblo en su estado infantil, se empeñan en celebrar fiestas conmemorativas que lo retrotraigan a costumbres arcaicas.
La idealización del gaucho, del campesino arraigado a la tierra, se basa en una vieja concepción que opone la tierra, la naturaleza pura e incontaminada, a la civilización corrompida, a la ciudad cosmopolita y desarraigada; el eterno retorno de la vida sujeta a los ritmos de la naturaleza, opuesta al cambio permanente de la vida urbana industrial. Por otra parte,la glorificación del gaucho por la oligarquía fue siempre una forma de oponerse al inmigrante español, italiano y judío, desde que este comenzó a destacarse como un activo elemento de agitación social. No debemos olvidar que la idealización del gaucho comenzó con la obra de un patrón de estancia: Ricardo Güiraldes.

La reivindicación del Gaucho como prototipo del Ser Nacional llegó con la nostalgia de las clases altas al enfrentarse
al nuevo problema social que representaban las clases obreras de inmigrantes anarquistas y sindicalistas.


 
La exaltación del criollismo es común a la oligarquía nacionalista. Un escritor como Eduardo Mallea, a quien los nacionalistas calificarían de europeizante, formula no obstante, juicios que puede suscribir el más cerrado nacionalista: "Una de esas familias criollas, señoriales, pródigas, dignas, de que nuestro país se empobrece cada vez más... Esos viejos troncos familiares son la custodia, la defensa final contra un profundo mestizaje". Mallea expresa claramente el contenido racista del criollismo oligárquico. La palabra "criollo" que en 1810 era subersiva, porque designaba a quienes luchaban contra los privilegios coloniales, se ha vuelto hoy reaccionaria, porque sirve para defender los privilegios adquiridos por las clases que hicieron la Revolución. Cuando los Anchorena reivindican para sí el legado del criollismo, del pasado colonial, tienen razón y no se les debe negar el derecho a la herencia de sus ancestros criollos. Quienes se equivocan son los sectores de clase media y clase obrera (mezcla de raza y orígenes diversos), cuando inficionados por esta ideología, tratan de reivindicar los mismos valores de tradición, pasado, raza, sangre, tierra que no les pertenece.
En la Argentina criolla que añoran los nacionalistas, las multitudes proletarias no tienen cabida, se trata de la Argentina precapitalista habitada por cincuenta familias ligadas entre sí. De esta forma el revisionista y reaccionario Héctor Saenz y Quesada expresa en su Elegía de Buenos Aires que prefería "la Argentina nuestra, la verdadera, porque era de los criollos únicamente; la de cuando todos éramos primos y no necesitábamos deletrear un apellido para entenderlo".
La Argentina proletaria actual ha sido construida íntegramente por los inmigrantes de tercera clase, sin antecesores conocidos, y totalmente abiertos hacia el futuro porque su pasado no recuerda sino miseria. Los cabecitas negras, proletariado criollo, tampoco tienen ninguna tradición que reivindicar en el pasado, que no les pertenece a ellos sino a sus patrones. Las montoneras (con excepción del artiguismo), no eran guerras populares sino al servicio de los intereses de los caudillos, grandes terratenientes... como los Anchorena.

                                      Fuente: Juan José Sebreli, De Buenos Aires y su gente (Antología), Ed. CEAL 

lunes, 28 de mayo de 2012

El Jockey Club

Sin duda alguna el Jockey Club se ha convertido en el signo más representativo de status y prestigio social entre la oligarquía argentina. El incendio del Jockey Club durante el peronismo tuvo, por eso, un valor casi simbólico en la campaña contra la oligarquía.
El Jockey Club fue creado en 1883 durate la primera presidencia de Roca, por iniciativa de Carlos Pellegrini, quien tuvo la idea contemplando el espectáculo del Derby en el hipódromo Chantilly de París. El grupo inicial que formaba el club era tan reducido que no pasaba de 43 socios. 
En 1896 se comenzó la construcción de la calle Florida 559, que se inauguró con un gran baile el 2 de septiembre de 1897. Pellegrini le describe en una carta a Miguel Cané la magnificencia del flamante edificio: "el hall es hermosísimo, pero todo desaparece ante la escalera soberbia, que se levanta y desarrolla con una curva armoniosa. Allá en el primer descanso un foco de luz divina, la Diana ideal, parece que se eleva lanzando una flecha...".

Carlos Pellegrini. Fundador del Jockey Club de Buenos Aires



                 
El edificio, incluidos muebles, costó en la época tres millones de pesos. En un tiempo en que el peso argentino cotizaba muy bien, y en que las finanzas del Club iban mejor aún, sus dirigentes aprovecharon para comprar en Europa colecciones de arte, destacándose un biombo voromandel de China, pieza antiquísima, y dos cuadros de Goya: La Boda y El Huracán.
La biblioteca también contaba con valiosas piezas, entre ellas algunos libros pertenecientes al general San Martín, vendidos por el albacea de su nieta, señora Balcarce de Gutierrez Estrada. También se adquirió el archivo completo y el diario íntimo del almirante Le Blanc, jefe de la escuadra bloqueadora de Buenos Aires durante la época de Rosas.

Monumento a Carlos Pellegrini frente a la sede actual del Jockey Club
en la calle Cerrito

La comisión directiva del Jockey Club consta de un presidente y 20 miembros elegidos por los socios. Hay una comisión de carreras, cuyo presidente es a la vez el vicepresidente 1° del Club, y una comisión de interior, que la preside el vice segundo del Club. Algunos de los presidentes del Jockey Club, además de Pellegrini, han sido: Miguel Cané, Samuel Hale Pearson, Miguel Martinez de Hoz, Saturnino Unzué, Joaquín Anchorena, Eduardo Bullrich y Horacio Bustillo, entre otros.
De los 143 socios iniciales, el Club se ha ampliado mucho a través de los años, pero su carácter restringido le impide pasar el númer de 7.500 socios, que es el que tiene en la actualidad. Para admitir un socio nuevo es preciso que se produzca una vacante.

Con la llegada del peronismo, el Jockey pasó el peor momento de su historia. Durante el primer gobierno de Perón, la Municipalidad, mostrando su sentido del humor, instaló frente a las escalinatas del Jockey un maloliente puesto de pescado. Los atildados socios se encontraron de pronto con el ambiente de mercado popular invadiendo su exclusivo recinto.

Incendio del Jockey Club a cargo de
 grupos peronistas en la sede de calle Florida 
En 1953 las relaciones entre Perón y la oposición se ponen más tensas, y la burla displicente con que se trató al Jockey se convierte en violencia. El 15 de abril de ese año, un acto peronista en Plaza de Mayo es interrumpido por el estallido de un par de bombas. En revancha, grupos de jóvenes pertenecientes a la Alianza Libertadora Nacionalista queman los edificios de la Casa del Pueblo, la Casa Radical, la sede del Partido Demócrata Progresista y el Jockey Club. A las 12 y 20 de la noche el Jockey Club fue invadido por un grupo que entró por la ventana de la gerencia, que daba a la calle Tucumán. Los testigos presenciales hablan de una batahola de gritos, balazos y maderas encendidas en medio de la oscuridad.
La Diana cazadora de Falguieri, estatua que adornaba el hall central, rodó por la escalera y se hizo pedazos. La pinacoteca se perdió completamente, incluyendo los cuadros de Goya.
A la mañana siguiente, seis dotaciones de bomberos conseguían apagar el incendio.
El 21 de mayo el gobierno da el golpe definitivo al Jockey; los hipódromos son nacionalizados, pasando a depender de Lotería y Casinos. No obstante, el núcleo más exclusivo de sus socios no se disolvió pese a tantas adversidades, y uno de sus ex presidentes, Joaquín Anchorena, cedió su vieja casona de la calle Charcas al 900 como sede improvisada del semiclandestino Jockey Club.

A la caída de Perón se formó un comité de Recuperación del Jockey Club, y el 21 de abril de 1958, conseguida la personería jurídica se nombra la nueva comisión directiva, con Joaquín de Anchorena como presidente. Para la nueva sede se compra la vieja mansión de Samuel Hale Pearson, uno de los ex presidentes de la institución, en Cerrito 1353, casualmente frente a la estatua del fundador, Carlos Pellegrini.


Extraído de "Los Oligarcas" de Juan José Sebreli (Colección "La historia popular/vida y milagros de nuestro pueblo")

miércoles, 16 de mayo de 2012

Una Pinturita

San Martín, Rosas y Perón. Así se llama la obra concebida por el artista Alfredo Bettanin. Se trata de un acrílico sobre tela que se encuentra expuesto en el "Museo del Bicentenario", un emplazamiento ubicado en el antiguo fuerte de la ciudad y aduana Taylor, en la parte trasera de la Casa Rosada, convertido en una especie de santuario del modelo nacional y popular, plagado de contenido ideológico y propagandístico, como ya nos tiene acostumbrados el oficialismo.

La pintura de Bettanin deslumbra en un primer momento por sus dimensiones y su contenido multiescénico en donde se pretende hacer una síntesis de la historia o sucesos más importantes aplicando una visión muy en boga; las antinomias. Oligarquía y pueblo, imperio y patria, patriotas y vendepatrias...

San Martín, Rosas y Perón. Obra de Alfredo Bettanin (1972). Museo del Bicentenario




















 .

LA CONQUISTA de AMÉRICA

En la parte superior a la izquierda del observador aparecen sobre una plataforma los rostros de Isabel la Católica y Cristobal Colón. "De la carabela penden cadáveres que junto a las imágenes de los ejecutados simbolizan la masacre de la conquista española. La espada y la conquista. Los colonizadores descienden de la carabela junto a sus caballos, instalan el cepo como elemento de tortura, someten a los pueblos originarios y adhieren al sistema de esclavitud." Según nos cuenta la correcta interpretación de la obra materializada en el estudio explicativo realizado por los muy bien pagos empleados del museo.

Colón e Isabel de Castilla. Ayer símbolos de civilización, hoy de depravación
El modelo revisionista propone una interpretación  de la historia argentina, comenzando en la época del descubrimiento de América. Se trata de una visión reaccionaria, la cual posee la particularidad de despreciar el acontecimiento de la conquista europea oponiéndose a ese hecho, según la interpretación actual muy negativo. La esclavitud y el uso de la fuerza para someter a los pueblos originarios, es en dónde el revisionismo pone el centro de la escena, rechazando a su vez los sucesos positivos que esa conquista trajo, producto del cual es la sociedad en que vivimos.
Se produce una ceguera en cuanto que se llega a negar de manera muy hipócrita los hechos de civilización que esa misma conquista trajo a estas tierras, renegando de la misma sociedad en que se vive.
El revisionismo rechaza de plano el descubrimiento de América ubicando el periodo pre colonial como el ideal, simplemente porque en aquel momento no existía el dominio por parte del europeo hacia el americano.
La parte farsante de esta interpretación consiste en desear que este hecho nunca hubiese ocurrido, basándose en tener en cuenta el hecho del dominio por la fuerza y la esclavitud, pero a su vez, no reconociendo las ventajas civilizadoras de ese acontecimiento.
De todas maneras, nadie prohíbe a quienes adhieren al revisionismo vestir un taparrabo y vivir como lo hacían los habitantes pre-coloniales.

Esta visión se opone a la interpretación imperante en la época fundacional del país y de los gobiernos vinculados con la aristocracia terrateniente (Desde 1853 hasta 1914). Aquellos incluían la conquista española destacándo los valores cristianos y la civilzación. La época del progreso (cuando progreso significaba incrementar y mejorar los medios de vida de la población). Hoy progreso, significa adueñarse de aquellos medios de vida mediante la justicia distributiva, despreciando de manera absoluta los principios por los cuales aquellos mismos medios de vida fueron creados, sin intentar incrementarlos en más de lo que en aquel momento fue dispuesto.
De esta manera la "conquista del desierto" era vista en aquel momento como la culminación del proceso civilizador iniciado por España en el siglo XV y es visto hoy como la masacre perpetrada por la oligarquía contra los verdaderos dueños de esta tierra. Verdaderos dueños apañados hoy por el discurso, pero que no poseen al día de hoy una solución real ni jurídica, lo que evidencia la impracticabilidad de la ideología reaccionaria contra la conquista europea. Negar la conquista en su totalidad es negar que se es europeo y que la solución llega desde la aceptación del hecho histórico y no desde una farsante negación. 

Volviendo a la obra de Bettanin, encontramos más abajo, un león atacado por figuras de color rojo que echan humo por sus cabezas. Simboliza la resistencia criolla a las invasiones inglesas.
Cerca, Manuel Belgrano aparece rodeado de palomas, tal vez un símbolo de paz, y San Martín agita una bandera celeste y blanca frente a la casa de Tucumán, principio formal y real de nuestra independencia. A su lado aparece la figura de Artigas y los 33 orientales quienes partieron de la costa de San Isidro al momento de la invasión brasileña a la Banda Oriental (1825), al mando de Lavalleja y no de Artigas (que al momento se encontraba exiliado en Paraguay) como pretende el modesto informe.
La placa explicativa del museo nos cuenta que; "en esta como en otras escenas de la obra, los actores socio-políticos locales aparecen como figuras de color íntegramente rojizos". Y es que el color rojo, el color sangre, símbolo de la acción y la violencia con el que el artista identifica su patria, es también el color de los que optan por los medios violentos a la hora de hacer política. Se trata de un pueblo que también en la actualidad y oficialmente (a través de su gobierno) se define desde su oposición a ciertos principios. Pueblo (y gobierno o gobierno con el apoyo de...) que interviene compulsivamente, que impone y no escucha, que decide y no dialoga, que no tiene en miras más que sus propios apetitos y está dispuesto a imponerse sin tener en cuenta los derechos ciudadanos de las minorías.
La acción directa como principio oficial, significa que no hay principios, que se eliminan las instancias de diálogo. Eliminar el diálogo es comenzar a imponer, y el hecho de no tener en cuenta las opiniones de otros actores dentro de una sociedad, es el rasgo principal de la no civilización. Civilidad, ciudad, significa convivencia, significa que las normas que rigen una sociedad han sido convenidas respetando los derechos individuales de todos y de cada uno. El color rojo se opone a la convivencia, es la acción directa y la eliminación del dialogo, y la barbarie como principio. Hoy la barbarie, es oficial...


LA REVOLUCIÓN

San Martín y Tupac Amaru
A partir de aquí se observan varias escenas referidas a los primeros años de la vida nacional. Por ejemplo un San Martín a caballo junto a la imagen del líder Inca Tupac Amaru.
En este caso, se pretende que la gesta de la Independencia pudiera volver atrás el tiempo atrás y hacer desaparecer la conquista española, reivindicando al habitante originario. El triunfo sobre la España de aquellos días, parece tomarse como una especie de revancha hacia lo europeo, más que como la independencia en sí, cuando se sabe que la Revolución de Mayo no fue hecha en nombre de ningún pueblo originario, ni fue realizada por ellos. Se trataba de una sociedad lo suficiente madura como para independizarse políticamente del dominio Europeo, pero que nunca pretendió en la práctica volver a ser un Inca, precisamente porque el criollo mismo, era también europeo. Se hizo la guerra a España por cuestiones políticas, con los medios, la moral y los valores e ideas tomados de la Ilustración y la Revolución Francesa, y no reivindicando a la Pacha-Mama.

Otra de las imágenes referidas al libertador de América, lo encuentra abrazado con el general chileno O'Higgins al momento de la batalla de Maipú. Más abajo, San Martín vuelve a aparecer, esta vez arrodillado venerando la bandera de los Andes, al pie de una de sus montañas.

Rivadavia separa a un San Martín desnudo de Simón Bolivar
Algo más polémica es la imagen en que Bernardino Rivadavia parece separar a San Martín de su colega Simón Bolivar. San Martín aparece desnudo, queriendo significar la falta de apoyo por parte de Buenos Aires a la campaña de Los Andes. Un Buenos Aires que una vez comenzada la Revolución de Mayo, debió enfrentar a las tropas realistas y también a las provincias del interior que se levantaron contra su autoridad después de 1810, cuando nunca lo hicieron durante la dominación española.

En la parte superior de la imagen, vuelven a observarse navíos en la costa, esta vez de nacionalidad inglesa. Según la voz oficial se trata de "naves avanzando sobre el Río de la Plata. Sobrevolándolas, el león ingles, portando su bandera como símbolo de la permanente ambición británica por el dominio de nuestro territorio." Si con la frase permanente ambición británica se refiere, y no puede referirse a otra parte del territorio que no fueran las Islas Malvinas, de las cuales el Reino Unido tomó posesión en el año 1833, puede decirse que es extraño que el propio Juan Manuel de Rosas, quien es indicado por el revisionismo como el defensor de la soberanía nacional, el cual se encontró en el poder desde 1835 a 1852, nunca estuvo interesado por recuperar la posesión de las Islas, y que al momento del exilio, decidió ubicarse en la misma Inglaterra. Esto demuestra lo estrecho de las relaciones entre el Restaurador y el poder británico. Y nos obliga a intentar otra interpretación de lo que fue la defensa de la soberanía en aquella época, en que el acaudalado estanciero ostentaba la representación de las Provincias Unidas en el exterior.

"En un grupo circunscripto a dos paredones pueden advertirse antecedentes de la Revolución de Mayo: el ideario liberal y la revolución industrial, que abría camino a las ambiciones comerciales simbolizadas por la caja registradora. Los libros con ideas independentistas llegan de la Francia napoleónica, simbolizada por el que sostienen los personajes (colorados) locales y sobre el que está parado Napoleón Bonaparte"
Simbolizar el acontecimiento más importante de la era moderna con una caja registradora es otro rasgo de la hipocresía del ideario nacional y popular. Todos los avances en la calidad de vida de la mayoría de la población mundial, todas las comodidades de las que goza el hombre actual, no solamente el acaudalado, sino el hombre medio el cual cuenta con medios de vida por los cuales un aristócrata de siglos anteriores hubiera pagado fortunas. Todo ese aumento de riqueza del que goza la humanidad hoy en día, se lo debe a aquellas ambiciones comerciales inglesas fomentadas por un estado liberal que impulsaba la libre empresa. Sin aquel liberalismo viviríamos en pleno siglo XIX, y muchos de los que hoy reniegan, no gozarían de los artefactos indispensables en sus vidas, no podrían recorrer miles de kilómetros en tan solo una fracción del tiempo que les costaba al hombre pre-revolución industrial, etc., etc., etc...
Con respecto a la Francia Napoleónica, la restauración monárquica no tardó en llegar, ni bien se neutralizó el aparato militar del célebre corso. El mismo Napoleón borracho de poder habíase proclamado Emperador a la manera de los romanos. La propia revolución Francesa hecha en nombre de los más nobles ideales humanos, pronto se transformó en un baño de sangre, debido a que delegó todo el poder de decisión a una asamblea.


OBLIGADO y EL MITO de la SOBERANÍA

Un lugar en la escena ocupa el magnificado combate de la Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845), del cual se pretende hacer una bandera de la soberanía nacional contra la permanente ambición de dominio por parte de las potencias extranjeras...
Soldado Federal expulsa de un puntapié
a un comerciante inglés
Debe recordarse en este punto que muchos ciudadanos argentinos se encontraban exiliados (cuando no degollados) debido a la tiranía del Restaurador. Fueron aquellos ciudadanos los que impulsaron aquel bloqueo queriendo recuperar por la fuerza, lo que por fuerza se les había quitado.
Localizar la patria en uno de esos dos bandos resulta un tanto injusto, máxime cuando los métodos empleados por la patria son los de la fuerza a prima facie, eliminando toda instancia de diálogo. Por algo Rosas es modelo de los gobernantes actuales...

En la imagen aparece la cadena apostada por el General Lucio Norberto Mansilla, con el objetivo de "impedir el paso de naves francesas e inglesas por el río Paraná hacia el noroeste de nuestro país, dónde pretendían imponer sus pretensiones comerciales". Completa la escena un soldado federal echando de un puntapié a un comerciante ingles. Suerte que aquellas cadenas no impidieron el paso de las naves y así los puertos interiores pudieron comerciar libremente sin tener que someterse por esa vez al control e imposición del centralismo porteño. Esta fue una de las causas por las cuales parte parte del litoral se levantó contra Rosas años más tarde con el fin de dar una constitución al país.


DESPUÉS de ROSAS

La etapa de la vida del país que comienza con la caída de Rosas tras la batalla de Caseros (3 de Febrero de 1852) es representada por los símbolos reales del progreso pero obviamente, con una connotación negativa; "barcos a vapor surcando el mar y el ferrocarril que avanza sobre una plataforma connotan el avance del imperialismo británico sobre la Argentina, simbolizado otra vez por el león inglés, tras la batalla de Caseros (simbolizada por el Palomar)."
En 1842 se presenta el primer proyecto para construir un ferrocarril en Chile en la ciudad de Valparaíso. Tras nueve años de gestión la ciudad de las minas de plata ve entrar a la Copiapó, la primer locomotora. Paraguay comienza la construcción de sus primeras lineas ferroviarias en 1854. En Argentina cinco años tras la caída de Rosas, La Porteña, primera locomotora argentina, comienza a echar humo. Muchos son los que parecieran preferir seguir andando en carreta con tal de no propinar rentas al capital inglés. Antes al igual que hoy, se necesitó de capitales foráneos para mejorar las condiciones de vida de toda la población. El autoabastecimiento y la autarquía económica ha sido desde siempre, uno de los discursos demagogos nacionalistas más efectivos a la hora de enorgullecer a las masas.

Para continuar con las alusiones a Gran Bretaña tenemos "su bandera en forma de triángulo masónico, cuyos vértices lo forman los aliados vernáculos del imperio: Urquiza, Mitre y Sarmiento. Sobre la cabeza de Mitre, el caudillo catamarqueño Felipe Varela. Sobre la de Sarmiento el caudillo riojano "El Chacho" Peñaloza. Varela se enfrentó a Mitre en tanto que Peñaloza murió asesinado por mandato de Sarmiento."


La oposición: A la derecha Bartolomé Mitre y sobre su conciencia el caudillo Felipe Varela. A la izquierda Sarmiento y el "Chacho" Peñaloza. Cierra el tridente Justo José de Urquiza. Por detrás un león símbolo del Imperio Británico.









Si hay algo de curioso es que ninguno de estos tres políticos estableció más fuertes lazos con el imperio británico que el gobernador y representante de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Manuel de Rosas. Por otro lado Sarmiento, aunque se manifestó a favor del asesinato del caudillo Peñaloza, una vez ocurrido este, había sido separado del frente de las milicias al momento del hecho con lo cual nunca pudo haber dado la orden de su ejecución.


EL SIGLO XX

Sigue la linea de esta obra, alusiones a los ataques de la Liga Patriótica contra huelguistas y militantes anarquistas, los fusilamientos de José León Suarez de 1956 perpetrados por la "Revolución Libertadora", la profanación del féretro de Eva Perón, la "oligarquía ganadera" y la extracción del petroleo por parte de compañías extranjeras.

Tres sucesos: La explotación petrolera por parte de empresas extranjeras
tras el golpe a Yrigoyen, la profanación de la tumba de Eva Perón y
Los fusilamientos de los basurales de José León Suarez

La imagen central del cuadro está formada por "una mujer desnuda, herida y estaqueada, que simboliza a la patria. Con su brazo apuntalado mediante estacas, que pese a su estado moribundo es mantenido en alto abriendo su mano para sostener en su palma, premonitoriamente, a Eva Perón." 
Eva Perón parece ser lo único que se salva, el  ángel salvador de una patria perdida, y que mal si la vida de una nación dependiera de las dádivas de una sola persona. En fin...

La Patria salva a Evita


LIBRE ASOCIACIÓN

Por último las figuras alegóricas que dan nombre a la pintura intentan acercar la figura de San Martín con Rosas y Perón, aludiendo al hecho de su cercanía al pueblo y el rechazo de los intereses extranjeros. 

San Martín representado junto al pueblo

El nacionalismo en su máxima expresión, la obra de un artista cuyo pincel puede expresar como un calco el sentimiento de las masas. La visión de una realidad que antepone las corazonadas y evita realizar un mínimo análisis de tipo reflexivo y racional. De esta manera se configura una realidad que existe solo en la mente de quienes la piensan o mejor dicho, la sienten. Es la construcción de una realidad totalmente sesgada, diferenciando entre buenos y malos, y sin matices intermedios. Una visión que rechaza el análisis y ya se encuentra circunscripta de antemano, evitando inmiscuirse e investigar los hechos con objetividad.
Podríamos preguntarnos acaso si los ferrocarriles solo sirvieron para que sus inversores ingleses extrajeran sendos dividendos, o bien tuvieron una utilidad que ayudó al crecimiento y desarrollo material del país. Así también se puede llegar a cuestionar si el capital productivo en manos del Estado ha resultado de buen provecho para la población argentina.. 
Juan Manuel de Rosas entre gente de clase baja
Las antinomias, el hecho de diferenciar entre buenos y malos, pueblo e imperio; obliga de antemano a catalogar a cada uno de los actores sociales en una de esas dos categorías, realizando una comprensión de los mismos por afinidad. Esta es la causa por la cual llega a relacionarse a tres personajes tan disímiles como los que dan nombre al cuadro de Bettanin. Los mismos han vivido en una época diferente, han tenido diferentes motivaciones y han servido distintos intereses y hasta enconados entre sí. Si bien se entiende que la persona de San Martín es moralmente indiscutible, aunque esto no le quita humanidad. Es que el de Yapeyú representa la figura que da nacimiento a la patria, actuó solo al momento fundacional y exclusivamente contra la potencia extranjera de la cual se debía emancipar. No puede decirse lo mismo de Rosas, desertor en las fuerzas, se dedicó a amasar su fortuna al momento que otros perdían las suyas y hasta sus vidas mismas. Protagonizó la época de mayor polarización social y llevó a cabo una persecución sangrienta a todo opositor. Pero acaso lo que lo acerque a Perón es la persecución en contra de las clases dominantes de la sociedad hasta entonces. Rosas, estanciero, hombre de campo, rechazaba al refinamiento unitario, hombres de letras todos ellos. Se asemeja al slogan peronista de "alpargatas sí, libros no". 

Juan Domingo Perón y su movimiento
Aparece aquí mas claro el hecho de definirse por contraposición. Tanto Rosas como Perón se opusieron a la clase o modelo dominante que les precedió en el poder. Ambos fueron a su manera intolerantes con aquella oposición, y utilizaron para conservar su poder, tantos medios posibles como la época en que vivían les permitió utilizar. La cuchilla o la expropiación. Ambos apadrinaron a las clases bajas para construir poder, pero debe entenderse que Rosas sirvió el interés de la clase ganadera porteña y solo se valió de las clases bajas como elemento accesorio para ejercer su tiranía. A menudo  las criadas negras oficiaban de espías de sus amos y llegaron a convertirse en delatoras del regímen. Necesitando oponerse a la clase acomodada (sin dejar de serlo él), el gobernador Rosas, debió indisponer a las clases más bajas contra ella. A diferencia del estanciero, el General Perón, se aplicó de lleno contra la aristocracia agro-ganadera, basando su poder en la adhesión de las masas obreras y patrocinando (con lo recaudado del campo) un incipiente sector industrial.

Es en este caso el interés de cierta clase (la más baja) lo que se pone como centro de relevancia. El pueblo es la referencia por la cual se diferencia el bien y el mal. Pero la palabra pueblo denota a su vez un significado de exclusividad, es pueblo quien se siente parte de un todo y comparte con la mayoría modos de sentir y pensar, un nivel socioeconómico determinado y cuando no, cierta procedencia de clase trabajadora o baja. Por lo tanto el pueblo es hoy quien tiene la voz oficial y autoridad (la clase de autoridad que existe en un país como la Argentina) para determinar que es el bien y que es mal, que se ha hecho bien y que se ha hecho mal, quienes han sido grandes estadistas y los que no, traidores a la patria.
Pero como revela el pensador español José Ortega y Gasset, la masa o el pueblo, es por definición, lo que no puede dirigirse por si mismo. Por lo tanto cuando el curso de la historia los pone en el centro de la escena (como ha ocurrido por primera vez en el curso de la humanidad a partir del siglo XIX) lo hacen a través de un representante de masas. Es la protección, entonces, que brinda el dirigente a esta clase de la sociedad, la que referencia el bien y el mal dentro de la misma. 
De esta manera el pueblo que todo lo espera de su salvador, pone en centro de la escena a los hechos y personajes que los han beneficiado (por principio o demagogia) sin interesar los costos que han tenido que incurrir otros sectores de la sociedad. Sin interesar las acciones que este representante haya tenido que realizar (siempre perjudiciales para otros sectores), el pueblo los eleva a la categoría de santos, dando por resultado una visión irreal, y siempre contradictoria. Es la visión de la gente que nunca se ha interesado por conocer la verdad objetivamente, y es hoy la visión oficial...