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domingo, 18 de noviembre de 2012

Los Anchorena, el Populismo y la Reivindicación del Gaucho

Al historiar a una familia de la alta burguesía no me propongo sino analizar la clase dirigente de la sociedad argentina. Elegimos a los Anchorena por el carácter mítico que ha adquirido ese apellido, y porque en un determinado momento fue la más representativa. Pero no debe considerarse como una historia particular: ellos no hacen sino ejemplificar un proceso histórico más general, y expresan los intereses e ideología de una clase.Del mismo modo pudimos haber tomado a las familias de Alzaga, Escalada, Lezica, Alvear, Unzué, Oliden, Obligado, Martinez de Hoz, etc.

Juan José Sebreli. Su obra "Apogeo y Ocaso de los Anchorena", pretendió investigar las clases altas
de la sociedad argentina a través del análisis de una de sus familias más representativas.


   
En el trasfondo de la historia argentina, desde la Colonia hasta nuestros días, actúa siempre algún representante de la familia Anchorena, a veces (muy pocas) en papeles preponderantes, mucho más frecuentemente moviendo los hilos entre bastidores o recurriendo a un llamativo intermediario como Rosas, para ocultar su verdadero poder. Hubo Anchorena en el Consulado, y en el Cabildo durante la colonia, y después de la Revolución de Mayo, en el Ejército del Norte, en el Congreso de Tucumán, en el Directorio. Hubo Anchorena con Rosas, y a su caída con Urquiza. Hubo Anchorena en el gobierno de Buenos Aires separado de la Confederación. Hubo Anchorena con Mitre, y después con casi todos los gobiernos, incluyendo los de Yrigoyen y de Perón. Hubo también Anchorena con Onganía. Hubo Anchorena en la presidencia de todas las grandes instituciones de la oligarquía: Jockey Club, Sociedad Rural, Sociedad de Beneficencia, Teatro Colón. Hubo Anchorena en las comisiones directivas de las principales sociedades anónimas, entidades bancarias  financieras. Miguel Anchorena fue uno de los pocos argentinos que perteneció al Jockey Club de París. Un Anchorena se unió con la familia propietaria de "La Prensa" y una Anchorena es accionista de "La Nación", los dos diarios representativos de la oligarquía. Junto con otras cincuenta familias con las que están relacionados por vínculos matrimoniales, de amistad o de interés, los Anchorena forman la clase que gobernó efectivamente el país detrás de los gobiernos títeres formalmente representativos. Llegaron en un momento a ser los poseedores del país más rico de América Latina y de uno del más ricos del mundo, y dilapidaron ostentosamente esa fortuna.


SE DICE DE MÍ

Fabián Gómez y Anchorena que vivió alrededor de 1880, se había hecho fama tal de dispendioso que en la puerta de su palacio en Madrid se amontonaban los mendigos acosándolo cada vez que salía. Recurrió entonces a la treta de vestir a un mucamo con su ropa. Las aglomeraciones de mendigos alrededor del mucamo disfrazado de Anchorena eran tan grandes que una mañana apareció en la calle su cadáver destrozado. Luego Fabián de Anchorena llegó a institucionalizar la limosna, instalando una oficina donde cada semana los mendigos iban a cobrar un jornal. Su esplendidez adquiría las características de una destrucción ritual, como cuando desde su yate tiraba la vajilla de oro al Océano.

Aaron Anchorena, aquel pionero de la aviación argentina, gustaba de hacer destrozar la vajilla por un perro tras celebrar ostentosos banquetes en los hoteles de Europa.

Aaron Anchorena junto a Jorge Newbery momentos antes de cruzar el
Río de la Plata en el globo "Pampa" en diciembre de 1907.

Clara Cobo de Anchorena, según la tradición oral, llevaba en su coche numerosas cajas con guantes, pues cada vez que terminaba de usar un par, lo arrojaba a la calle. Nuevo Heráclito de la moda, no admitía usar dos veces el mismo vestido.


LOS ANCHORENA EN LA CULTURA POPULAR

El apellido Anchorena no sólo tiene prestigio entre las clases altas, sino que ha llegado a hacerse conocido entre las clases populares.  Para la gente que nunca ha tenido ni tendrá la chance de cruzarse con un Anchorena, ese nombre, también forma parte del lenguaje corriente: "más rico que un Anchorena", "no te hagas el Anchorena", "no soy un Anchorena", son expresiones típicas del habla argentina.


EL MITO

No podía faltar el mito del "origen judío". Ha circulado la versión fantástica de que los tres hermanos (Juan José, Tomás Manuel y Nicolás), eran hijos de comerciantes portugueses judíos, y que habían sido salvados de un naufragio donde murieron los verdaderos padres, siendo recogidos en Buenos Aires por Juan Esteban de Anchorena, quien los habría adoptado y dado el apellido. De esta manera los Anchorena tienen también su mito al igual que Edipo, Moisés, Rómulo y Remo, y otros tantos personajes (incluso el propio Jesucristo), para los cuales sus padres biológicos corresponden a personas diferentes de quienes finalmente los criaron. El origen del mito judío, además, está vinculado al prejuicio que asocia a los judíos y el dinero.
La leyenda de los Anchorena judíos es recogida por el historiador revisionista José María Rosa y por Manuel Antín, quienes en el proyecto del filme sobre Juan Manuel de Rosas pensaron en el periodista judío Jacobo Timerman para interpretar a Tomás Manuel de Anchorena.
El carácter imaginario del judaísmo de los Anchorena no excluye, por otra parte, la posibilidad de un auténtico origen sefardita, ya que como ha sido demostrado por numerosos historiadores, la mayoría de las familias tradicionales argentinas tienen ese origen, que desconocen o tratan de ocultar.


  EL ANONIMATO

Tomás Manuel de Anchorena fue diputado en el
Congreso de Tucumán y hacendado rosista.
El gran ruido que en el folklore han hecho los Anchorena, contrasta con el discreto silencio con que pasan por la historia oficial. Silencio que contrasta aún más si se tiene en cuenta la necesidad de rescatar un pasado prestigioso, y a veces también de justificar una pensión estatal que lleva a la transfiguración de algún ascendiente más o menos destacado en prócer de la patria, a través de biografías apologéticas encargadas a algún escriba a sueldo. Es así cómo desde Bartolomé Mitre, el género biográfico fue la gran moda de la historiografía argentina. Sin embargo el interés de los Anchorena por pasar inadvertidos, los ha llevado, por ejemplo, a presionar sobre Juan A. Pradere para que guillotinara de su Iconografía de Rosas las hojas con caricaturas de Tomás de Anchorena. Quedan de la versión original solamente una docena de ejemplares que escaparon a la autocensura, y que constituyen una verdadera rareza de bibliófilo.
Los Anchorena nunca han gastado dinero en pagar libros que recuerden a sus antecesores. Como decía Jauretche: "Ahí están los Anchorena, que teniendo un prócer con toda barba como don Tomás, nada hacen por darle a sus blasones, otro lustre que el de los doblones...¡Y pensar que con un mucamo menos hubieran podido tener un Levene o un Gandía con cama adentro!".
A los Anchorena no les interesa la publicidad, no les conviene que se recuerde el origen de su dinero, y tampoco les interesa que las demás clases los vean como los verdaderos responsables del poder político del país. Siempre han ejercido un poder oculto e ilimitado, pasando inadvertidos ante la opinión pública quien siempre ejerce su crítica en otros poderes o personajes más aparentes y superficiales.
La documentación existente sobre los Anchorena en el Archivo General de la Nación o está escrita en clave o es de lo más anodina e inofensiva; la documentación que verdaderamente importa permanece, sin duda, oculta en archivos secretos, en gavetas familiares, en viejos arcones, y la mayor parte ha sido destruida.
Ninguno de los Anchorena ha escrito ha escrito memorias a los que eran afectos los hombres públicos del siglo XIX; pocos historiadores se han ocupado de ellos, salvo la tardía apología de Tomás de Anchorena hecha por Julio Irazusta...

Palacio Anchorena. Hoy llamado palacio San Martín y ex edificio de la cancillería. Retiro 



 
Los historiadores rosistas, de Adolfo Saldías a Julio Irazusta, son pacientes hurgadores de papeles viejos. Pero estos estos manejan principalmente documentación facilitada por la propia familia de Rosas, y por lo tanto cuidadosamente expurgada. Por otra parte, los papeles que pudieran perjudicar a Rosas o a los Anchorena ya fueron destruídos por ellos después de Caseros. Esta destrucción de papeles está documentada en la carta que los hijos de Nicolás de Anchorena (Juan y Nicolás) enviaron a su padre desde Southampton, adonde habían ido a visitar a su tío Rosas; "A tiempo de despedirnos (dicen los Anchorena) nos llevó a una pieza aparte. Nos dijo, como quien no dice nada, que todas las cartas que Ud. (Nicolás Anchorena) posea concernientes a él, lo mismo en poder de la testamentaría las que hubiera de él, las quemase; que él ya había quemado las cartas concernientes a Ud." "Todas las cartas de la Campaña del Desierto y otros papeles posteriores están en poder de mi tío Tomás y le suplica a Ud. sean quemadas".
La necesidad de secreto de sus negocios particulares, llevó a los Anchorena a desinteresarse de los puestos preponderantes (nadie más indicado que ellos para ser gobernadores de la provincia, cargo al que renunciaron cada vez que se los propusieron), ellos prefirieron siempre permanecer entre las sombras, en una actividad silenciosa. De esta manera, la actividad política fue para los Anchorena sólo un medio para asegurar sus privilegios económicos, y siempre que pudieron la dejaron en manos de representantes o testaferros. El General Tomás de Iriarte había observado esa tendencia. refiriéndose a Tomás Anchorena decía que su pretensión "era mandar desde su casa sin revestir carácter público para evitar toda responsabilidad".
A los Anchorena no les interesó nunca ser ministros ni presidentes, les bastó con tener a su disposición a los ministros y presidentes.


Si quiere plata tendrá.
Mi bolsa siempre está llena,
y más rico que un Anchorena
con decir quiero será.

Estanislao del Campo, "Fausto"



POPULISMO OLIGÁRQUICO

El populismo es la forma burguesa de "ir hacia el pueblo", de apropiarse de ciertos elementos de las tradiciones y costumbre populares para integrarlos a una ideología y, de ese modo mantener el control sobre las clases populares.
Desde fines de siglo hasta la llegada del peronismo, el populismo oligárquico estaba representado por los viejos caudillos conservadores (Alberto Barceló fue el más representativo de ellos) que rodeados por de un elemento lumpen (guapos de arrabal como Ruggierito, cantores de tango como Carlos Gardel, y regentas de prostíbulo), ejercían una influencia paternalista sobre el barrio o el pueblo donde se desarrollaban sus actividades.
Caído el peronismo, los representantes de las familias tradicionalesintentaron retomar su hegemonía sobre las masas populares con nuevas formas ideológicas más adecuadas a la nueva etapa de evolución social. Es así como Manuel Anchorena, el hijo de Edda Arrotea de Anchorena, aquella damaque viéramos junto a Spruille Braden en 1945, no vacilará en la década del '70 en mostrarse junto a Perón.


 ROSAS Y PERÓN

El punto de fusión entre la oligarquía ganadera y el peronismo será Rosas. Para los Anchorena particularmente, el rosismo es una especie de privilegio de familia, algo así como un título nobiliario. Manuel de Anchorena, a la vez que trata de reivindicar a Rosas, trata de ligarlo con Perón, para entroncar, de ese modo, un movimiento popular con un pasado oligárquico. Los medios de difusión de Manuel de Anchorena son las agrupaciones que creó y dirigió: la federación Gaucha Bonaerense, la comisión pro repatriación de los restos de Rosas, y el Centro Federal. 
Manuel de Anchorena comenzó sus actividades bajo el ala del gobierno de Onganía. Su primer acto público fue un homenaje a Facundo Quiroga en la Recoleta, en el que participaron centros comunitarios de villas Miserias del Gran Buenos Aires, probablemente bajo las órdenes del entonces ministro del interior Guillermo Antonio Borda, responsable de la represión de Córdoba de 1969.
Otro ejemplo lo dio en 1971 el Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci al celebrar el Día del Trabajador con un acto organizado por Manuel de Anchorena en el Centro Federal. Ochenta y un años después de su primera celebración en la Argentina, el Día de los Trabajadores dejaba de motivar manifestaciones de protesta, para realizarse en un acto académico en una agrupación dirigida por un estanciero, y donde no se recuerda a los mártires de Chicago sino a un estanciero que acostumbraba a castigar a sus peones con el cepo y el látigo.
El propio Perón no deja de fotografiarse en Madrid con el estanciero, quien de paso a Inglaterra se dirigía a rendir homenaje a su antepasado Rosas. En la tarea de reivindicar al máximo representante de su clase, y de su familia (Rosas y Tomás M. de Anchorena eran primos), Manuel Anchorena finalmente logró conseguir la adhesión de los dirigentes de un movimiento que en su momento se declaró acérrimo enemigo de la oligarquía ganadera.


UNA CUESTIÓN FILOSÓFICA

Peronismo y antiperonismo son parcialidades que deben ser asimiladas por una vaga categoría ontológica que ellos llaman el "ser nacional", entendiendo por tal, no la nación concebida como acontecer histórico condicionado por factores económicos económicos y sociales, sino como un organismo natural, biológico (la tierra, la sangre, la raza) y por lo tanto eterno e inmutable.
La negación de la historia lineal donde los hombres y las cosas están en permanente cambio, en movimiento continuo, donde todo fluye, se desarrolla sin cesar, se transforma en su contrario, deviene y pasa (dialéctica hegeliana adoptada por el marxismo y aplicado a la lucha de clases); y su contraposición (pensamiento tradicional de derecha), donde la historia es un ciclo circular (no lineal) repetido hasta el infinito, un eterno retorno donde todo lo que fue vuelve a repetirse bajo distinto ropaje, constituye la fundamentación histórico-social que lleva a interpretar al peronismo como la repetición del rosismo, explicando una situación nueva en base a una historia antigua.

El corriente de pensamiento Nacionalista identifica a Rosas con Perón

Rosas como todo personaje mítico, es un arquetipo, un modelo ejemplar, un paradigma: debe volverse siempre a hacer lo que el héroe mítico hizo en un tiempo legendario, la realidad se adquiere por repetición. Cuando los jóvenes de 1970 escriben en las paredes: "Rosas vuelve", no están realizando sino un ritual, una abolición del tiempo real, del devenir profano, para instalarse en el tiempo sagrado, en el eterno retorno del tiempo mítico. La historia real de Rosas, ocurrida en un tiempo irreversible, se convierte en historia ejemplar, en epifanía primordial que puede repetirse y que encuentra su sentido en la repetición misma. Estamos en pleno irracionalismo de una concepción histórica prehegeliana.
Si juzgamos al rosismo y al peronismo, no de acuerdo a sus formas más exteriores y generales, sino de acuerdo a su significado histórico concreto, comprobamos que son dos fenómenos incomparables: los obreros industriales del peronismo no tienen ninguna continuidad histórica con los gauchos y campesinos que idealiza el populismo rosista. El capitalismo primitivo de la estancia rosista es un mundo completamente muerto y sin ninguna conexión con la sociedad capitalista de hoy. Es inútil que los rosistas actuales se disfracen con posturas revolucionarias y antiimperialistas; ninguna actitud revolucionaria auténtica puede permanecer vuelta a un pasado lejano ni reconocer su conductor en un personaje que expresó una situación histórica hace largo tiempo superada. Un programa político para el futuro no se extrae del Museo de Luján.

En este reemplazo de la ética por la estética, el rosismo, totalmente inoperante desde el punto de vista práctico, se vuelve en última instancia una mera actitud estética, cae en el mero folklorismo.
Ya el poeta y biógrafo rosista Manuel Gálvez afirmaba que la sociedad de extraña originalidad que creó Rosas era de "indudable valor estético, aunque no valía tanto éticamente porque implicaba la reducción de los derechos de la persona". En el rosismo hay un frecuente predominio de lo estético sobre lo ético, de lo folklórico sobre lo político.

El rosismo, de esta manera, afirma la expresión de un supuesto ser del pueblo, con el fin de escamotearle mejor sus derechos. Por eso Manuel de Anchorena no solo creó el Centro Federal, sino también la Federación Gaucha Bonaerense dedicada al carnavalesco revival de las costumbres y tradiciones de la vida campesina del siglo pasado. Lo que en una determinada circunstancia histórica pudo haber sido una fiesta espontánea por medio de la cual el pueblo campesino se evadía de sus duros trabajos, convertida ahora en una ceremonia ritual, con los peones de Manuel de Anchorena disfrazados de gauchos del siglo XIX, resulta una mistificación. Los verdadero campesinos intuyen la falsedad de estas celebraciones que solo complacen a los patrones y a los turistas en busca del color local. El auge del folklore comenzó en las boites más sofisticadas de Buenos Aires, y con el cantor Roberto Rimoldi Fraga terminó asimilando al kitsch. José María Rosa, por su parte, colabora en la industrialización de la figura de Rosas para el cine.

Cuando el pueblo madura va perdiendo las características meramente locales de sus tiempos primitivos. Van perdiendo vigencia las supersticiones y emociones irracionales en que se fundamenta el folklore. Sólo los que tienen interés en mantener al pueblo en su estado infantil, se empeñan en celebrar fiestas conmemorativas que lo retrotraigan a costumbres arcaicas.
La idealización del gaucho, del campesino arraigado a la tierra, se basa en una vieja concepción que opone la tierra, la naturaleza pura e incontaminada, a la civilización corrompida, a la ciudad cosmopolita y desarraigada; el eterno retorno de la vida sujeta a los ritmos de la naturaleza, opuesta al cambio permanente de la vida urbana industrial. Por otra parte,la glorificación del gaucho por la oligarquía fue siempre una forma de oponerse al inmigrante español, italiano y judío, desde que este comenzó a destacarse como un activo elemento de agitación social. No debemos olvidar que la idealización del gaucho comenzó con la obra de un patrón de estancia: Ricardo Güiraldes.

La reivindicación del Gaucho como prototipo del Ser Nacional llegó con la nostalgia de las clases altas al enfrentarse
al nuevo problema social que representaban las clases obreras de inmigrantes anarquistas y sindicalistas.


 
La exaltación del criollismo es común a la oligarquía nacionalista. Un escritor como Eduardo Mallea, a quien los nacionalistas calificarían de europeizante, formula no obstante, juicios que puede suscribir el más cerrado nacionalista: "Una de esas familias criollas, señoriales, pródigas, dignas, de que nuestro país se empobrece cada vez más... Esos viejos troncos familiares son la custodia, la defensa final contra un profundo mestizaje". Mallea expresa claramente el contenido racista del criollismo oligárquico. La palabra "criollo" que en 1810 era subersiva, porque designaba a quienes luchaban contra los privilegios coloniales, se ha vuelto hoy reaccionaria, porque sirve para defender los privilegios adquiridos por las clases que hicieron la Revolución. Cuando los Anchorena reivindican para sí el legado del criollismo, del pasado colonial, tienen razón y no se les debe negar el derecho a la herencia de sus ancestros criollos. Quienes se equivocan son los sectores de clase media y clase obrera (mezcla de raza y orígenes diversos), cuando inficionados por esta ideología, tratan de reivindicar los mismos valores de tradición, pasado, raza, sangre, tierra que no les pertenece.
En la Argentina criolla que añoran los nacionalistas, las multitudes proletarias no tienen cabida, se trata de la Argentina precapitalista habitada por cincuenta familias ligadas entre sí. De esta forma el revisionista y reaccionario Héctor Saenz y Quesada expresa en su Elegía de Buenos Aires que prefería "la Argentina nuestra, la verdadera, porque era de los criollos únicamente; la de cuando todos éramos primos y no necesitábamos deletrear un apellido para entenderlo".
La Argentina proletaria actual ha sido construida íntegramente por los inmigrantes de tercera clase, sin antecesores conocidos, y totalmente abiertos hacia el futuro porque su pasado no recuerda sino miseria. Los cabecitas negras, proletariado criollo, tampoco tienen ninguna tradición que reivindicar en el pasado, que no les pertenece a ellos sino a sus patrones. Las montoneras (con excepción del artiguismo), no eran guerras populares sino al servicio de los intereses de los caudillos, grandes terratenientes... como los Anchorena.

                                      Fuente: Juan José Sebreli, De Buenos Aires y su gente (Antología), Ed. CEAL 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Un Revisionismo de Fantasía

El siguiente es un artículo publicado en la edición impresa del diario La Nación del día martes 20 de diciembre de 2011. El mismo representa un esquema-resumen de la historiografía revisionista argentina y una crítica acerca de la función y validez del nuevo Instituto Nacional de Revisionismo Histórico, el cual fomenta y financia con fondos oficiales la "investigación" histórica coincidente con la ideología Nacional y Popular.

La reelecta presidenta, CFK, ha creado por decreto (1880/2011) el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, con la presidencia del escritor Mario O'Donnell. En este ampuloso título, el kirchnerismo, con su habitual voluntad refundadora de todo lo posible -y también de lo imposible-, encierra la pretensión de hacer nacer el revisionismo histórico, sobre todo ante los jóvenes, siendo que éste, como corriente historiográfica, tiene ya un largo y meritorio camino recorrido.
Podemos sostener que el revisionismo histórico nace de la pluma de Adolfo Saldías, que plasma en su obra Historia de la Confederación Argentina, en la que con documentos en la mano y entrevistando a los propios protagonistas inicia una revalorización de la acción de gobierno de Juan Manuel de Rosas, que, desde 1829 hasta 1853, año de su derrota en los pagos de Caseros, fue el actor político fundamental en una suerte de dictadura, erigiéndose como un Leviatán criollo, al decir del politólogo Vicente Massot. A esta obra, diríamos, fundacional, se sumaron otras como la de Ernesto Quesada, La época de Rosas, publicada en 1926.

La "Historia de la Confederación Argentina" de Adolfo Saldías fue la obra precursora del revisionismo cuyo eje central fue la reivindicación de Juan Manuel de Rosas por sobre el modelo liberal de la Constitución de 1853 hasta allí vigente.


       
Recién en la década del 30 surgen en distintas provincias instituciones que buscan mirar el pasado revisando lo dicho y escrito hasta el presente con una mirada crítica hacia el relato oficial o liberal, como se calificó a la escuela historiográfica que nació y se desarrolló siguiendo los postulados y la genial creación de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López.
Así, en 1934 surgirá en Santa Fe el Instituto de Estudios Federalistas, que profundizará en los análisis sobre el federalismo y el accionar de los caudillos Estanislao López, José Gervasio de Artigas y Juan Manuel de Rosas. Pero será en 1938 cuando nace el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, que continúa hasta el presente como institución académica nacional. El mismo agrupará a escritores, pensadores, literatos e historiadores de renombre que cristalizarán la escuela revisionista.
Entre ellos encontramos a personajes de distintos orígenes políticos, como el historiador José María Rosa, de familia conservadora, militante juvenil de la Democracia Progresista de Lisandro De la Torre, que a partir de 1955, luego de su paso por el nacionalismo, adhirió al movimiento creado por Juan D. Perón en 1945. Entre sus múltiples obras podemos mencionar sus diez tomos de la Historia Argentina, su investigación sobre el pasado hispano en su libro Del Municipio Indiano a la Provincia Argentina, y La caída de Rosas, escrito de profundo rigor sobre los móviles, situaciones y acciones que llevaron a la caída del régimen rosista. Los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta, que en algún momento de sus vidas adhirieron a la Unión Cívica Radical, también formaron parte del Instituto, investigando y dando a luz, el último de los mencionados, una obra fundamental y definitiva sobre los años de Rosas: Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia, editada en ocho voluminosos tomos. También formaron parte Vicente Sierra, autor de una Historia Argentina en diez tomos; Ernesto Palacio, Ricardo Font Ezcurra, el padre Leonardo Castellani, Carlos Ibarguren, demócrata progresista en su juventud, autor de una clásica biografía sobre el Restaurador; su hijo Federico; Manuel Gálvez, Héctor Sáenz Quesada, el oriental Luis Alberto de Herrera, Dardo Corvalán y muchos otros historiadores y escritores que produjeron obras de gran valía en cuanto a la investigación historiográfica sobre el período de la Confederación Argentina y sus principales actores.

Juan Manuel de Rosas es la figura central de la corriente revisionista


         
Es decir que el revisionismo, como escuela historiográfica, dio la batalla por equilibrar el conocimiento de los hechos y de sus actores frente a las otras corrientes de pensamiento herederas de los que habían sido en vida los opositores al gobierno rosista. La historia de una nación es una síntesis, forjada por procesos y hombres con pasiones, ideas, amores y odios, que en períodos de guerra civil se enfrentan casi hasta el exterminio.
Con el paso del tiempo, la síntesis histórica es una sumatoria de corrientes de pensamiento, ya sean liberal, revisionista o cualquier otra. Así, debemos resaltar los aportes hechos por historiadores que no provienen del revisionismo como Tulio Halperín Donghi, Félix Luna, José Luis Romero, Armando Alonso Piñeyro, Enrique de Gandía, Ricardo Levene y Ezequiel Gallo, por citar tan sólo algunos de los más relevantes.
La repatriación de los restos mortales de Rosas en 1989 con el lema "Por la Unión Nacional", como un hecho de reparación y justicia histórica, no implicó, sin embargo, demoler la memoria de sus también ilustres oponentes; como así también la revalorización de la gesta de la Vuelta de Obligado, combate contra la intervención anglo-francesa en 1845, que fuera reivindicada en su momento por el propio Libertador José de San Martín.
Ahora bien, crear por decreto y fundamentar con esquemas maniqueos que apuntan más a un programa y proyecto político presente, basado en un relato parcial que desvirtúa a la propia ciencia e investigación histórica, autoerigiéndose en refundadores de la historia, y hacerlo en nombre del revisionismo, resulta cuanto menos una falta de respeto a la memoria de aquellos investigadores de nuestro pasado que poseyeron una formación clásica, de sólida cultura, y que se debatieron desde el llano y no desde burocracias y despachos oficiales.
Este revisionismo de fantasía no tiene que considerarse heredero de aquel revisionismo que, envuelto -por qué no decirlo- en las pasiones del debate, realizó aportes relevantes al conocimiento de nuestra historia.

Autor: Ignacio F. Brancht, (Licenciado en historia y consultor).

martes, 7 de febrero de 2012

La Farsa del Revisionismo


El revisionismo de la historia. Título tan bien aceptado por el inconsciente colectivo argento, tan políticamente correcto que hasta parece sonar como una sinfonía de Mozart en los oídos de aquellos ‘fans’ del nacionalismo vernáculo.  Parece que lo que alguna vez ocurrió de tal manera, ahora puede ser que haya ocurrido de otra, o cuando es necesario cambiar la mirada de los sucesos del pasado, sobre todo, la mirada crítica, la mirada que juzga.

Vista de la Catedral
Los hechos acaecidos en el pasado van y vienen, se transforman y toman vida. Los políticos y militares del pretérito parecen calzarse nuevamente la casaca militar y poner toda su artillería en defensa de algún interés político presente.

Cambiar la mirada sobre el pasado e interpretarla según la visión actual.

Todo historiador o persona que pretenda interpretar la historia lo va a hacer, indefectiblemente, desde una posición determinada. Es imposible abstraerse del sujeto mismo que emprende la investigación histórica, pero se ha de tratar de ser lo más objetivo y profesional posible.
El trabajo del historiador debe, por una cuestión ética, ser encarado objetivamente. Se deben dejar de lado las afecciones políticas e investigar los sucesos del pasado como si fuesen hechos científicos.
Abstrayendo la personalidad del investigador de la realidad pasada, se logra que el historiador no sea uno más de los  protagonistas de la historia.
Lamentablemente, algunos sectores que se dedican a la investigación historica en la Argentina parecen no comprender la premisa y emprenden la actividad con el más sentido fanatismo. Son verdaderos apologistas de tal o cual personaje y sobre todo pretenden encausarlos dentro de sus consecuciones partidarias del presente.

La simpatía con el pasado

Uno puede simpatizar con algunos actores o sucesos de una época pasada cuando le gustaría que una política similar, por ejemplo, se aplique en el momento actual. O cuando, tal o cual acto o actitud de tal o cual protagonista del pasado, debiera aplicarse en el presente, según la persona que lo interpreta.

La Doma de Otto Grashop

Pero la historia tiene muchas aristas, y una de ellas consiste en que los sucesos que la han conformado, se dieron en un tiempo histórico que no va a volver a repetirse jamás (por una simple definición de lo que es el tiempo). En muchos casos la simpatía puede tornarse confusa y contradictoria. Las identificaciones resultan, a menudo, imposibles. Quienes caen en ellas resultan ser presas de la más quimérica ensoñación. Envueltos en una etérea nostalgia, desearían que ciertos momentos del pasado vuelvan a repetirse, o lo que es peor, quisieran desenterrar a sus muertos predilectos que otrora condujeron con firmeza (y digo firmeza, porque siempre les seduce la más ferrea autoridad) los destinos del país.

La historia se entiende a través de una línea de tiempo en el cual los sucesos y sus consecuencias van cambiando la fisonomía misma de una nación determinada. La Argentina de hoy es tan distinta a lo que era en el siglo XIX, como se puede diferenciar un país de otro con todas sus particularidades. Es decir, el cambio ocurrido a través del tiempo dentro de una región determinada, por ejemplo en la Argentina, produce una transformación de las características tanto sociológicas, económicas y educacionales, que si bien no imposibilitan la comparación, sí impiden una identificación completa de los sucesos pretéritos con los hechos actuales.

El peligro de un revisionismo fomentado por el Estado (léase gobierno… partido oficial)

Cuando el Poder Ejecutivo Nacional rubricó en septiembre, el decreto nº 1880/2011, puso en marcha un proceso de transformación, transubstanciación de los hechos históricos a través de su interpretación.
La manifiesta simpatía del gobierno con la causa rosista es cuanto menos muy curiosa. Si bien es sabido que Rosas como hombre de acción que era, supo ganarse a la gauchada y la adherencia de los sectores más bajos de la sociedad porteña de aquel entonces, por la misma razón que supo oponerse a todo lo que Buenos Aires tenía de refinado y de culto (aunque no se opuso a las riquezas que proporcionaba la hacienda), también es sabido de que Rosas nunca perteneció a ninguna clase popular, más bien todo lo contrario.

Batalla de la Vuelta de Obligado
El gobierno traza un paralelismo en este aspecto, entre su gobierno de corte popular y Antioligárquico con el gobierno de Rosas el cual obtuvo la simpatía de los gauchos, negros y mulatos, quienes no representaban ninguna especie de peligro para su régimen y a quienes supo utilizar dentro de una implacable red de espionaje.
La Oligarquía de la que saben hablar hoy los adictos al gobierno nacional y popular, no son ni más ni menos que los descendientes de aquellos que más se beneficiaron durante el gobierno de Rosas.
A esta clase agrícola ganadera, que ha pasado junto con el devenir del país por diferentes etapas, se la identifica hoy con la oposición de Rosas al partido unitario (oposición muy oportunista y poco fundada en principios, dicho sea de paso).

El hecho aquí es que tenemos dos grupos perfectamente oponibles al día de hoy (gobierno popular por un lado y oligarquía terrateniente por el otro) que pudieran y de hecho lo hacen, identificarse con un mismo actor histórico.
La clase terrateniente se identifica con Don Juan Manuel por el hecho de que fue este de los que más hizo por mantener y acrecentar las riquezas de la incipiente clase (Los Anchorena pueden dar fé). Por otro lado, el gobierno se identifica con el “Excelentisimo gobernador” por su pantomima popular. Y finalmente el gobierno se opone a la clase terrateniente versión soja.
La asincronía es más que evidente.
En este caso el gobierno se encarga de dejar bien en claro en qué puntos hay concordancia, aunque a veces no parece tan así.

La reivindicación política de Rosas presenta un hecho no menor en cuanto a implicancias de estilo doctrinarias.
Se sabe que Rosas gobernó con mano de hierro (y bien afilada) a la provincia de Buenos Aires durante 20 años (repartidos en dos períodos), siendo a su vez el líder de la Confederación Argentina por ese mismo espacio de tiempo, en el que las provincias delegaban en su persona, el manejo de las relaciones exteriores.


Estandartes utilizados hoy en día en las reuniones del instituto de revisionismo nacional


Reivindicar la figura del "Restaurador", significa que se está de acuerdo con los métodos empleados por este.
La falta de garantías y libertades individuales durante los años de Rosas son totalmente asimilables, en cuanto a los medios utilizados, con la última dictadura militar que sufrió la República Argentina a partir de marzo de 1976.
Ajusticiamiento de los hermanos Reynafé
¿Significa que el gobierno está de acuerdo con los métodos aplicados por el tirano del siglo XIX? ¿Acaso no han sido los mismos medios empleados por la dictadura de Videla y compañía, contra la guerrilla de corte marxista y peronista? ¿No vale lo mismo un facón ensangrentado que una picana eléctrica, cuando la mano que la sostiene es mantenida a su vez por todos los medios del Estado y por su consiguiente impunidad?
Uno no puede identificarse con los actores y sucesos del pasado por completo, sino que solo puede hacerlo parcialmente. No se debe caer en el anacronismo de la identificación completa, porque se estaría desestimando el mismo paso del tiempo que divide a las etapas y durante el cual un país sufre determinadas transformaciones que lo hacen completamente diferente del país que fue en un pasado.


 El 3 de Febrero de 1852 el Ejército Grande comandado por el entrerriano Urquiza puso fin a casi dos décadas de un gobierno absolutista, dando así la primera oportunidad a su país de constituirse como una república y tener la constitución tan despreciada por el estanciero y sus secuaces.
Divisa Punzó
Con la nueva etapa constitucional se implementó por primera vez en la Argentina el sistema de partidos políticos, se toleraron las distintas creencias y religiones, se les reconoció amplias potestades a las provincias acentuando el federalismo y otorgándole un marco jurídico sustentado por ley dejando de depender de la arbitrariedad de una sola voluntad.
Se trató de llegar a un consenso entre los tensionados poderes, que terminara con los enfrentamientos entre Buenos Aires y el resto de las provincias. Esto no fácil y el período no estuvo exento de disputas en el plano militar, pero por momentos hubo voluntad de acuerdo y nunca existió el deseo del exterminio completo de la facción política contraria. 
Los mecanismos constitucionales pusieron en marcha un país que durante la dictadura de Rosas había vuelto al coloniaje, al atraso, a la falta de educación; ya que todo se reducía a la ambición de una sola clase estanciera y al vasallaje de muchos otros.

Situarse virtualmente  en favor de Rosas es ponerse en contra de todo lo que somos como Estado, es despreciar la Constitución y la organización consensuada, libre y democrática.

 Lamentablemente, se llega a la conclusión que estos personajes que hoy en nombre del gobierno reivindican la figura de Rosas, aceptan sus sanguinarios métodos de ejercer el poder, que son los mismos medios utilizados por la dictadura del ’76. El gobierno de esta manera se pone en contra de todo el sistema de garantías que le da origen al Estado y que ha dado origen a su propio gobierno, y por lo menos ideológicamente se sitúa en un malsano punto de contrariedad política y en una virtual guerrilla contra su propio Estado constitucional.
Obligado el gran mito nacionalista rosista
¿Se trata de puro e inconsciente fanatismo? ¿De ceguera intelectual? ¿Táctica de sugestión e insinuación? ¿Cuál es el mensaje que se quiere dar cuando se condena fanáticamente a una dictadura y se muestra simpatía por otra? ¿El Nunca Más tan vitoreado por quienes ostentan un cargo de poder y quienes viven de los planes, vale solamente para determinado sector, en este caso el sector peronista?

Insisto en que las implicancias prácticas de esta tendencia a reinterpretar la historia a priori, nos está diciendo que el gobierno que hoy ostenta el poder no tendría ningún reparo en hacer lo que hizo Rosas en aquella época si no hubiera un sistema legal que se lo impidiera. Y esta es la insinuación. Porque no puede pasar por más de eso. Es la guerra ideológica contra las clases medias y altas, ya que manteniendo un 54% de la población en estado de vasallaje alcanza para someter a la no tan despreciable pero insuficiente minoría restante.

El estado se transformaría en esa máquina de avasallamiento de las libertades individuales, y el hecho es que no hay diferencia entre Videla y Rosas, entre un bando y otro, sea de izquierda o de derecha. Aceptar a Rosas es aceptar a Videla, porque a este último no se le ha condenado más que por sus abominables métodos de ejercer el poder. Siendo que, si no hubiese sido así, no sería tan malo ser de derecha, después de todo uno puede buscar su progreso económico mientras que no se infrinjan las normas de convivencia sociales (igualdad de oportunidades).

Yo me pregunto, ¿Quiénes son los revisionistas de hoy? ¿Quiénes son hoy los revisionistas de hoy? ¿Hay lugar para un federalismo estilo Rosas en la argentina de hoy? ¿O solo se trata de anacrónicos nostálgicos cuya simpatía por el super gaucho, no es muy diferente a la que tienen aquellos fanáticos por las películas de la zaga de  Star Wars?
Después de todo, ciertos aspectos de la dimensión intertemporal hacen que pensar en una vuelta del rosismo en toda su amplitud sería tan posible como que Darth Vader gobernara la galaxia. En fin…

Asesinato de Manuel Vicente Maza a manos de la Mazorca - Oleo de B.F. Rawson, Museo de Luján 
De esta manera vemos fanáticos usando el cintillo federal. Insignia que impuso el dictador en el siglo XIX para saber diferenciar a los "patriotas" de los traidores (Traidores a su muy particular causa, a la que por cierto no habían jurádole lealtad), con sus leyendas que piden por la muerte de los “salvajes, inmundos y asquerosos unitarios”. 
Y es que el merchandising del Ilustre Restaurador va en serio. Relojes, bustos simil bronce y réplicas exactas de las divisas punzó empiezan a aparecer en el mercado y se ofrecen por internet en una risueña, por no decir ridícula,  Tienda Federal. 
Y es que esta aparentemente inocente tienda federal, se encuentra en estrecha conexión (a decir por los mutuos enlaces de sus páginas de internet) con el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Una organización que pretende reivindicar a quien murió en Southampton y que es, por supuesto, financiada con los impuestos de los argentinos.

El revisionismo histórico en argentina viene a  rechazar por completo esa historia tradicional y conformista que se enseñó en la escuela durante la mayoría de las décadas, dónde se enseñaba que la Argentina era el granero del mundo, y que estaba dominada por una liga de poderosos, también llamada oligarquía, en la que ellos y nadie más que ellos participaban de las funciones públicas, tomaban todas las decisiones de Estado, y además, se participaban con las ganancias. 
Dentro de este marco de continuo progresismo, el revisionismo, se mofa del período del modelo granero del mundo, rechazándolo por completo sin tener en cuenta algunos hechos positivos que al menos merecen algo de justicia (de los que hablaremos en otro post). La figura del General Roca, símbolo máximo de aquel período y otrora héroe nacional, es hoy uno de los canallas y asesinos más voraces que ha ejercido cargo en el gobierno. Se resaltan las figuras de los caciques aborígenes, quienes merecen mucho respeto, pero no se tienen en cuenta los resultados que se hubieran obtenido como consecuencias, si los mismos no hubieran sido derrotados. En definitiva, toda esta corriente new wave aborigenista peca de una inmensa hipocresía.

Decir revisionismo en la Argentina no nos significa la revisión objetiva de las fuentes históricas. Decir revisionismo en nuestro país es decir una cosa así como Excelentísimo brigadier general e ilustre gobernador de la provincia de Buenos Aires Restaurador de las leyes y héroe de la campaña al desierto Don Juan Manuel de Rosas.



Es así. La nostalgia por la época rosista ha calado hondo en los corazones de algunos argentinos desde que se enteraron que cierto  20 de noviembre de 1845, las  aguas del río Paraná se vieron invadidas por las naves de una potencia extranjera que osó poner a prueba la soberanía nacional.
¡Qué soberanía aquella! La soberanía del degüello y el exilio. De la tiranía, del absolutismo monárquico encarnado en la persona de un estanciero autoritario.
La soberanía de algunos significaba en ese entonces, la muerte o el exilio para tantos otros. Y uno se pregunta… ¿Cuál era la verdadera Argentina? ¿La que detentaba el poder político autoritariamente? ¿La que oprimía a sus ciudadanos que por no pertenecer al partido, pierden su calidad de tales? ¿Acaso no fueron argentinos quienes perecieron bajo el acero de la Sociedad Popular Restauradora?

Había una gran parte de la Argentina fuera de los límites del territorio nacional que no detentaban los derechos de soberanía y no podían practicar sus derechos de ciudadanía.
La conclusión de todo esto es que no puede haber soberanía donde no hay libertad. No la puede haber cuando el país es regido por la mano dura de un tirano, porque en el mismo ataque a esa soberanía aparece la esperanza de recuperar su patria y sus derechos de todos los exiliados.
Aquellos “inmundos unitarios vendidos al oro francés”, solo estaban buscando un aliado para desinstalar un régimen opresor.
La batalla de la Vuelta de Obligado debe entenderse dentro del marco de un enfrentamiento civil, entre dos facciones de una misma nación. Nunca estuvo en cuestión la soberanía que sobre estas tierras se ejercía. (De hecho algunos buques franceses sortearon las cadenas de Mansilla y pudieron comerciar directamente con las provincias del litoral, haciendo germinar algunas ideas en la cabeza de un tal Justo José).
Tal vez sí, estuvo en juego la soberanía sobre un par de islas situadas un poco más al sur y ocupadas por el principal socio comercial del monárquico estanciero. (Habría documentos que avalan una cesión por parte de Rosas a Gran Bretaña).

Una de las columnas en la que se asentó el poder de Rosas fueron las clases más bajas de la sociedad porteña.
D. de Plot (1841) Oleo sobre tela. Colección Museo Histórico Nacional


Pero volviendo al tema de la defensa de la soberanía. No se puede hablar de soberanía solamente porque se defiende un territorio de un ataque extranjero. Sería poner el centro de gravedad en el exterior. Habría que ver qué clase de gobierno defendía esa soberanía. En este caso, lo que se defendía era la continuidad de una política que aplicaba cuchillo al ciudadano opositor (aunque solo lo fuera a los ojos de Rosas). Paradojicamente, no serían los salvajes unitarios quienes derrotarían a Rosas. Seis años pasado el episodio del Río Paraná, el ejército Grande del federal Urquiza hacía su entrada triunfal sobre Buenos Aires.

Con respecto a quien fue nombrado titular del instituto de revisionismo histórico Manuel Dorrego, creado por el arriba mencionado decreto. Uno puede entender como el anacronismo es una de las cualidades imperantes en toda esta movida. Este digno señor ha ido tambaleando de partido en partido, de gobierno en gobierno y de poder en poder. No puede identificarse con su propio pasado, el cual él mismo contradice a cada paso, no le podemos pedir coherencia a la hora de interpretar 200 años de historia argentina. Por lo tanto entendemos que esté al frente de una institución que es de por sí contradictoria.
Declaró en uno de esos programas panfletarios de la TV pública que se situaba “en la vereda de enfrente” (aunque le reconocía algunos logros) del mentor de la Constitución Nacional, Dr. Juan Bautista Alberdi.


El trifásico del dibujante CEO (Muchas gracias por permitirme postearlo)

Uno puede discurrir en métodos pero nunca en intenciones. Pues quienes estuvieron antes de Caseros, despreciaron los colores celeste y blanco, persiguiendo a cada persona que eligiese vestirlos y obligando cada vez más a usar el color sangre entre sus vestimentas.
Precisamente esos colores celeste y blanco son los que hoy cubren el féretro del Exelentísimo Gobernador en su mausoleo de la Recoleta. Los colores de un estado que siempre se negó a formar y del cual fue el principal impedimento durante dos décadas. ¿No sería bueno que en medio de esta ola de fanática remembranza de la causa rosista (y digo causa por pura cortesía) empezaran por cubrir su tumba con los colores federales? ¡Qué vistan el rojo sangre y nos dejen el celeste y blanco a quienes queremos un país tolerante y libertario!

Para concluir voy a decir que es una pena que desde las políticas de Estado se manipulen los hechos del pasado y se dicte la historia en los centros de enseñanza de forma parcializada y militante. La falta de profesionalismo y compromiso con la verdad es un signo de la madurez en que este país se halla.

La historia cumple un papel determinado dentro de la configuración de un Estado que pretende interferir en los derechos de sus ciudadanos.

   
Comedia Federal
El revisionismo así entendido no es lo que la palabra revisionismo en sí, nos indica. Es un transformacionismo de los hechos de la historia presentados en un momento anterior. Transubstancionismo de los sucesos, porque ya se saben las consecuencias a las que se quiere llegar antes de emprender la investigación de los documentos que son las fuentes de la actividad histórica. 
Un revisionismo verdadero significaría que quienes lo emprendan no tengan intenciones de presentar a los actores del pasado como buenos y malos.
Un revisionismo hecho en nombre de la razón, la objetividad y el ánimo de conocimiento. Sin nominaciones. Poner el nombre del coronel Dorrego (al cual no niego los servicios que ha brindado a la causa independentista) es parcializar el estudio, con el cual el mismo pierde todo sentido profesional desde su arranque.



“Quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado”
George Orwell

La historia no la escriben los que ganan sino los historiadores