sábado, 18 de febrero de 2012

"Amalia". José Mármol y la oposición literaria a Rosas


José Mármol, Biblioteca Nacional
(Foto: Teodosio Fernández)
El nombre de la novela lejos de orientarnos acerca del contenido de la misma, más bien nos hace pensar en una de esas obras literarias vacías de contenido significativo a nivel político y social. Efectivamente, hay un personaje llamado Amalia Saenz, viuda de Olabarrieta. Una tucumana que a los 22 años de vida se nos presenta como símbolo de pureza y concretización terrena de los más altivos ideales de belleza. No solo su apariencia externa es la condición por la que Mármol intenta mostrarnos ese “pedacito de cielo”. Hace falta algo más; la nobleza de espíritu y un cierto linaje proveniente de las familias patricias. Aquellas familias que tan solo unos años atrás habían realizado enormes sacrificios por la causa independentista y que hoy veían envanecerse bajo las garras del tirano y opresor. Aquellos que habían nacido ricos y muerto pobres como Manuel Belgrano, hacían contraste contra otros que habían aprovechado un período convulsionado para amasar enormes fortunas.
El otro personaje y además el principal de este relato es el joven Daniel Bello, primo de Amalia. Proveniente de una familia cuyo padre es estanciero y socio de los Anchorena  y “federal sin saber por qué”. Lo de no saber el por qué alguien era federal es muy simple, el federalismo de Rosas era poco más que una nominación vacía adoptada luego del asesinato del verdadero federal Dorrego en diciembre de 1828 y en un contexto en el que el fracaso de la Constitución unitaria de Rivadavia y el poder del caudillaje hacía conveniente la adhesión a un partido federal que en realidad carecía de sustento ideológico.
Biblioteca Billiken, otras épocas...
El joven Daniel Bello, quien “casi nunca se equivoca”,  es la voz de la sabiduría y la sagacidad, se arriesga a cada momento al estar en contacto con el partido unitario exiliado en Montevideo y pertenecer a los más altos círculos del partido federal porteño. De esta manera, el autor se entromete en la intimidad del centro del poder rosista, mostrando, a su modo de ver,  cómo piensan y actúan los protagonistas más importantes del Buenos Aires del año 1840.
Mármol describe a algunos de los más importantes actores de la época, sin que esto implique que se trate de datos algo más que anecdóticos. Es decir, no importan verdaderamente en la interpretación de los hechos históricos realmente acaecidos, más que para darle un tinte de color. Y sin que en algunos casos, sus descripciones tengan más utilidad que una mera fuente para conocer aspectos de los personajes, que bien pudieron ser certeros como no tanto. De esta manera,  pasan por  la pluma del escritor, el ministro de relaciones exteriores Felipe Arana (1786-1865), a quien se describe como poco inteligente y falto de decisión; el embajador británico John Henry Mandeville totalmente sumiso a la autoridad de Rosas; Bernardo Victorica (1790-1864) jefe de policía un tanto ineficaz,;Nicolás Mariño (un cínico redactor de La Gaceta Mercantil); los mazorqueros Cuitiño y Salomón; y algún que otro diputado o militar como Garrigós y Santa Coloma.
Manuelita Rosas hija del gobernador se nos presenta como “la primera víctima de su padre” y es un instrumento símbolo de la Federación, anfitriona de pomposas tertulias que funcionaban como una especie de termómetro para medir el grado de adhesión a la causa federal.

El Bajo (Rudolf Carlsen)
 Los opositores se embarcaban a Montevideo para unirse al ejército de Lavalle 

Lucio Norberto Mansilla, el futuro general de la Batalla de la Vuelta de Obligado es uno de los Generales rosistas a quien Mármol no deja de recordar que fue uno de los más entusiastas defensores de la causa unitaria en el congreso del año ’26.


CONTEXTO

Este relato, considerado como la primera novela de carácter nacional, conjuga una historia particular y ficcional con un contexto general y real, trazado por la pluma de uno de los integrantes de la generación del ’37. Los personajes de la realidad del momento intentan ser descritos en sus rasgos particulares por Mármol entremezclando datos, fechas y documentación.
El hecho que da comienzo a esta novela folletín, es el asesinato en las inmediaciones del Río de la Plata de Francisco Lynch, Isidro Oliden, José María Riglos y Carlos Maisson. El mismo hecho es descrito de manera similar por el general José María Paz en sus Memorias y José Rivera Indarte en Tablas de Sangre. Y según nos cuenta Mármol el hecho de intentar exiliarse en Montevideo es crimen de “lesa tiranía”.
El relato comienza en junio de 1840, año clave del régimen, en donde la continuidad del mandato de quien ostentaba “la suma del poder público” estaba pasando por un momento crítico.
La nación francesa del Rey Luis Felipe de Orleans mantenía por razones poco convincentes (o excusas), un bloqueo comercial en el Río de la Plata desde marzo de 1838.
En los meses finales de 1839 se había levantado la rebelión de los “Libres del Sur” comandada por el Coronel Pedro Castelli (sobrino de Juan José), la cual había sido sofocada por falta de “organización y sistema”.
La provincia de Corrientes del gobernador Pedro Ferré reclamaba a su vez la libre navegación de los ríos interiores.
Las provincias de Salta, Tucumán, Catamarca, Jujuy y La Rioja, fueron quitando al gobernador de Buenos Aires la delegación de las relaciones exteriores entre abril y mayo del año ’40, y un contingente opositor conocido como la "Liga del Norte" estaba ganando terreno en aquella región del país.
Según Mármol el gobierno de Rosas estaba pasando por el momento más difícil, en el que todas las condiciones estaban dadas para su deposición. No ocurriendo esto, observa el autor, la dictadura se haría más fuerte y sangrienta, y descargaría toda su venganza sobre cada uno de los traidores.
Mármol intenta explicar cómo nace la época del terror rosista una vez que la dictadura se restablece del susto que la presencia de Lavalle y la presión de la flota francesa en las cercanías de la costa, le habían ocasionado.
El aparato de represión al servicio de Rosas descarga toda su furia contra la población, una vez que "el tirano" sale airoso de ese momento en que parecía que el agua le llegaba al cuello. A partir de ese momento, el terror se hizo presa de la poca población que quedaba sin usar los colores federales. Se comenzaron a  pintar de rojo todas las casas, sus puertas, ventanas…la ciudad se tiñe de color sangre.


MUJERES de MÁRMOL

El escritor presenta un estereotipo de mujer federal, la cual es extremadamente frívola. Podrá ser bonita la más de ellas, pero nunca inteligente. Las mujeres del círculo federal son zonzas y se preocupan por pavadas, envidiosas del buen gusto de las mujeres unitarias, las cuales ya habían perdido su lugar en la sociedad porteña y asistían de muy mala gana a las fiestas de la federación.
Agustina Rosas de Mansilla, es nominada por Mármol como la mujer más bella de su época pero extremadamente superficial y hasta con cierto grado de idiotez.

Agustina Rosas. Convencionalmente, la
 mujer más bella de la época (Aquí con su
pequeño hijo Lucio V. Mansilla

En el otro extremo, la mujer unitaria es sagaz, noble, y de belleza celestial e ideal, al contrario de la mujer federal, la cual la más linda de ellas no contenía el componente de distinción y sólo poseía belleza carnal. Amalia es un ser semidivino y es de alguna manera la personificación del bien supremo al que se está ultrajando con la tiranía. Ese bien supremo, pero frágil, es la libertad de un ser por el cual vale la pena luchar y arriesgarse al enfrentarse a un poder absoluto y de por sí, maligno.
La otra de las mujeres importantes de la historia es Doña María Josefa Ezcurra (1785-1856). La cuñada del gobernador (y madre del hijo de Manuel Belgrano) es, en esta hitoria, poco menos que la bruja de Blancanieves; de fisonomía horrenda y raquítica, tacaña y traicionera, portadora de una maldad fría y calculada sin límites, pero también envidiosa de la felicidad ajena y completamente miserable. Es el colmo de la degeneración a la que es capaz de llegar una mujer. Su casa funcionaba como un centro de espionaje (en la que según el escritor, también se hallaba una horca). Allí se congregaban las mujeres de servicio, generalmente negras, para delatar a sus amos o vecinos. 
Las mujeres negras y mulatas, dedicadas a servir en las casas de la llamada clase patricia, serán de esta manera, importantes agentes de espionaje dentro de una enmarañada red comandada por la hermana de la , entonces ya, difunta Encarnación Ezcurra.


CIVILIZACIÓN y BARBARIE

Mármol comparte el slogan de Sarmiento de "Civilización y Barbarie". Él, como toda la generación del ’37, intenta buscar las causas de este gobierno poco civilizado en la constitución misma de la población argentina.  Rosas es producto de un pueblo poco instruido y civilizado, hijo de la España atrasada del totalitarismo y la Inquisición.
El autor intenta expresar que hay una especie de regla que siempre se cumple. A todas las revoluciones les sucede un período reaccionario, y el gobierno de Rosas representa el regreso a la época colonial. El desprecio por las luces y la instrucción, el desafecto a las ciencias y a la idea de progreso la cual, según el ideario de Echeverria y su gente, se cumplía fatalmente; son características de la etapa rosista.
El estereotipo de federal de la época es, según el escritor; ignorante, bruto y supersticioso. Desprecia las costumbres de refinamiento de las clases altas, simbolizadas por los cultos unitarios, los cuales, a su vez subestiman al provinciano ignorante y bárbaro.
En un pasaje de la novela, un grupo de choque federal asalta una casa en busca de traidores, uno solo de los integrantes de aquel escuadrón es capaz de poder leer (y con mucha dificultad) una carta en la que finalmente se les recomendaba que sus habitantes eran buenos federales, etc.
En un segmento del comienzo se lee; “Pero yo no sé como se sabe la hora ¡Esta es cosa de unitarios!" Las palabras eran de un mazorquero el cual inspeccionaba un reloj. El mismo se lo había sustraído al  cadáver de un personaje que había intentado embarcarse hacia Montevideo.
Mármol asegura poder deducir de las formas del rostro y la constitución física en general, las características sociales y el desempeño del individuo en la sociedad.  Los rasgos del salvajismo eran, para estos jóvenes del Salón Literario, observables en los rostros de los federales, los cuales poseían “una fisonomía que no podía distinguirse donde acababa la bestia y comenzaba el hombre”.
Al describir al sanguinario comandante mazorquero Ciriaco Cuitiño dice de él que, en su “horrible cara redonda y carnuda se veían dibujadas todas las líneas con que la mano de Dios estampa las propensiones criminales sobre las facciones humanas
Esta doctrina hoy tan políticamente incorrecta y discordante con el pensamiento democrático, lleva implícita la noción de que la barbarie es algo que se lleva en la sangre, en los genes. Su consecuencia práctica implica terminar con los bárbaros para terminar con la barbarie.
El desprecio por el indio y por el gaucho que será parte del sentido común después de la caída de Rosas, proviene en parte de esta visión de los intelectuales y políticos que tuvo en Sarmiento a su principal fomentador.

Sarmiento marcó una linea de pensamiento que hoy sería muy incorrecta

El carácter de esta ideología se ve expuesto con mayor claridad, énfasis y apasionamiento en el "Facundo" de Sarmiento de 1845 del que Mármol, tal vez,  pudo haber extraído algunas de sus ideas.
Como Sarmiento en el "Facundo", Mármol concibe a Rosas como producto de la naturaleza Argentina. Rosas es consecuencia y no causa.
Sarmiento grafica en la figura del caudillo riojano Facundo Quiroga (de quien era a su vez pariente) todo lo que el pueblo argentino tiene de salvaje, sangriento y bárbaro, debido a la soledad y el aislamiento de las campañas argentinas. Así contrapone el campo a la ciudad, campo (o campaña como ellos le llaman) que es preciso poblar de civilización para desterrar todo lo bruto y primitivo del suelo argentino.
El relato entonces marca un corte elitista y una diferenciación dentro de una sociedad, diferenciación dada no solo por el grado de educación, sino también por la constitución física que permitía deducir arbitrariamente la inteligencia de las personas, cuanto tenían de racionales y cuanto de bestias.
Civilización y Barbarie, es entonces, un enfrentamiento entre dos argentinas irreconciliables dentro de un mismo territorio representadas por el campo, salvaje y aislado con su gaucho bruto y supersticioso; y la ciudad culta y refinada con sus ideas de progreso y ciencia extraídas de la Europa.
No existía conciliación posible, una debía vencer a la otra, dado que el carácter de cada una de ellas se hallaba impreso en la misma constitución de carácter natural. Según esta doctrina de "Civilización y Barbarie", la civilización es algo no susceptible de aprender. Algo paradójico teniendo en cuenta que hablamos del padre del aula.
¿Hombre o Bestia?
Ciriaco Cuitiño
Comandante de la Mazorca
La barbarie, que como ya observamos, es parte constitutiva y natural de la nación argentina, se manifiesta en el salvaje y solitario gaucho de las pampas ya perfectamente definido en sus costumbres a aquel tiempo.
Rosas dentro de este esquema, representa al gaucho superior que ha logrado hacerse del poder pero, que a su vez,  es consecuencia (y no causa) de esta barbarie natural.
A diferencia del resto de los estancieros, Rosas realiza las trajinosas tareas camperas con la habilidad de un baqueano, y oficia de padre del resto de los gauchos, dando más adelante, un carácter paternalista y personalista a su gobierno. El gaucho se identifica con  Rosas, porque valora las tareas manuales, la destreza física, y desprecia las costumbres cultas importadas de Europa, las artes blandas, la escritura y el estudio. Rosas se viste como gaucho, actúa como uno de ellos, monta a caballo como el mejor, también desprecia cierta clase de refinamiento, pero no es un gaucho más.
Rosas construye su poder en torno a las masas caudillistas e ignorantes siempre dispuestas o obedecer ciegamente a un líder. Las concesiones dadas a la población negra y mulata, también le otorga la adhesión de esta, y ya vimos la importancia de la misma en cuanto al mecanismo de delación.
La construcción de poder en torno a la adhesión de las clases bajas no es algo nuevo en la Argentina.


ANTIGUO PARTIDO UNITARIO y ANTIGUO PARTIDO FEDERAL

El escritor perteneciente al Salón Literario,  intenta desprenderse del antiguo partido unitario el cual está representado en la novela por Don Julián Segundo Agüero (1776-1851), quien fuera  ministro en la presidencia de Rivadavia.
Bernardino Rivadavia (1770-1845), retirado en España desde 1827, fue el máximo exponente del unitarismo y la ilustración en Argentina. Acusado de querer trasplantar a la mismísima Londres en las riberas del Plata.
Agüero, ya anciano, se encuentra exiliado en Montevideo y es descrito, en su encuentro con el protagonista de esta historia, como alguien taciturno, de pocas palabras y menos ideas, sin ningún tipo de posibilidad de restablecerse. El viejo partido unitario, es un partido muerto ya en la época en que la romántica y liberal generación del ’37 de Echeverría y Alberdi ha tomado la posta de la oposición al partido federal.
Sin embargo, el partido unitario se encuentra muerto, tal vez por los errores y el desgaste de sus propias acciones. El fracaso de las constituciones del ’19 y del ’26, demostró que existían en el interior, centros locales de poder de los que Buenos Aires no iba a poder controlar. Al menos no de determinada manera.
El acrecentamiento de los caudillismos locales cuyos mayores exponentes; el entrerriano Estanislao López , Juan Bautista Bustos de Córdoba y el propio Quiroga; hacía ver que los localismos habían de ser tenidos en cuenta y serían una fuerza cada vez mayor en lo sucesivo.
El fin para el partido unitario, sobrevendría a la Revolución de diciembre de 1828 cuando Lavalle mandó a fusilar a Dorrego, instigado por, entre otros unitarios, Salvador María del Carril,  Juan Cruz Varela y el propio Agüero.
Con el asesinato de Dorrego se cierra una etapa, pues quien muere en Navarro es quizá el último de los federales. De un espíritu democrático inusitado para la época (abogó en la Cámara de representantes por el voto universal), el porteño Manuel Dorrego, tuvo en cuenta la posibilidad de constituir un estado federal.
Luego de Dorrego, la palabra federalismo no fue más que el eco vacío y sin significado del ideal que levantara alguna vez el oriental Artigas cuando se opuso a la asamblea del año ‘13. Lo que alguna vez tuvo significado, se transformó en el fósil de un ideal, y la voz de fondo y excusa para tomar el control político de una situación desbordada.




Ya no era negocio llamarse unitario luego de la disolución del Directorio en el año '20 (tras la Batalla de Cepeda del 1 de febrero de 1820), dónde las provincias sometían al poder central). Luego sobrevendría la figura de la Gobernación   de Buenos Aires, ya como provincia y no como poder central. Martín Rodriguez, el cual contó con el apoyo de Rosas en el momento de su elección y con la secretaría reformista de Rivadavia, fue proclamado gobernador el 20 de septiembre de 1820, luego de que él y Rosas, abandonaran deliberadamente a Dorrego en la Batalla de Gamonal (1820).
Valen estas palabras del abogado y congresal de Tucumán y hacendado rosista, Tomas Manuel de Anchorena en una famosa carta al Restaurador del 4 de diciembre de 1846: “Nadie, nadie se ocupaba del sistema Republicano Federal, porque todas las provincias estaban en tal estado de atraso, de pobreza, de ignorancia y de desunión entre sí y todas juntas profesaban tal odio a Buenos Aires que era como hablar de una quimera el discurrir sobre el establecimiento de un sistema federal” Según Anchorena el grito de Federación se acrecentó con la “reforma luterana de Rivadavia durante la gobernación de Martín Rodriguez” y el establecimiento del banco nacional en 1826 …”no querían reforma ni banco y ya entonces cada pueblo tenía su corifeo, que aspiraba a ser un Reyezuelo de por vida en el país que gobernaba”.
(En otro momento analizaremos la transformación de algunos unitarios en federales pro-rosistas y como luego disolvieron su federalismo a partir del año 1852 y se fusionaron con la nueva generación de Mitre y Alsina)
Había pues, federalismo entre tanto no se contara con un poder central y las provincias no contaran formalmente con una sujeción de estilo metropolitano. Pero era un federalismo desproporcionado en el cual subyacía un poder centralista desde Buenos Aires. Algunas medidas políticas como la delegación de las Relaciones Exteriores en la persona de Rosas y otras medidas de estilo económico-prácticas, como el sistemático control de la aduana y la imposibilidad de contratación de comercio exterior por parte de las provincias litorales, manifestaban una verdadera sujeción de hecho en torno a Buenos Aires. El control central existía en la realidad y existía debido a la insoslayable importancia geográfica de Buenos Aires existente desde la época colonial.
El unitarismo y federalismo puro (al que Rosas también persiguió en las personas de los denominados “lomos negros”), habían perdido su significado. Una época había pasado y empezaba otra.
Sin embargo, las palabras ya vacías de correspondencia con la realidad, serían pronunciadas sin pausa por la voz del fanatismo de manera sistemática por otros, al menos, 25 años.


EL CLERO FEDERAL 

Las reformas rivadavianas que trastocaron el ámbito clerical durante la gobernación de Martín Rodriguez, donde (entre otras cosas) sometió al personal eclesiástico a la justicia civil y realizó confiscaciones de los bienes de la Iglesia.
Se supone que era fácil contraponer a la Iglesia con el tipo de reforma inspirado en un creciente liberalismo y que a la hora de llegar un gobierno de características atrasado y reaccionario, iba a tener en la iglesia, a uno de sus aliados.

Ntra. Sra. de la Piedad
La Iglesia fue un centro de propaganda del régimen rosista

Un apoyo moral, que por si hacía falta, le daría a la federación un carácter sacro-santo y de causal divina. La Santa Federación era a manera de las más totalitarias de las monarquías europeas, un mandato del cielo.
Mármol no está en contra de la religión católica sino del comportamiento de la iglesia. Describe la actuación de cierta parte de la curia cuyos representantes suben al pulpito, cuchillo en mano, pidiendo por la muerte de los salvajes unitarios.
El clero está personificado en el cura federal de la Iglesia de la piedad Gaete, corrompido por los placeres mundanos, quien saciaba sus apetitos carnales en el hogar de unas niñas huérfanas. Simbolismo de la depravación de la iglesia con respecto a la sociedad porteña.
Un aspecto interesante del culto a la personalidad del Restaurador se da en el ámbito de las Iglesias, dónde se llevan a cabo pomposas ceremonias que cuentan con el traslado y la presencia del retrato del gobernador. Stalin no había inventado nada…



BACANALES CRIOLLAS y SANTAS

El escritor cuenta como comienza parte del culto federal en las iglesias en el año 1839 luego del asesinato del presidente de la cámara de representantes Manuel Vicente Maza, atribuido a la Mazorca y festejado por el diputado Garrigós. Mármol entonces relata:

El culto a la personalidad del Gobernador
 Tras este horrendo asesinato del presidente de la legislatura y del tribunal de justicia, ¿qué aconteció en el pueblo de Buenos Aires? Aconteció que una voz unánime se levantó en derredor de Rosas, de todas las corporaciones y empleados públicos, dando el parabién al asesino.
La parroquia entera se vestía de federal y... pero que hablen los documentos.

"La cuadra de la iglesia estaba toda adornada de olivo y lindas banderas, las cuales fueron tomadas por los vecinos y 'de golpe las rindieron al pasar el retrato, hincando la rodilla', causando un espectáculo verdaderamente imponente el repique de las campanas, cohetes de todas clases y vivas del inmenso pueblo que había allí reunido; al llegar al atrio tomaron el señor juez de paz y el señor maestre el retrato, y entraron con él en la iglesia, en cuya puerta el señor cura y seis sacerdotes de sobrepelliz, acompañaron el retrato hasta que se colocó en el lugar destinado, y como se retirase la comitiva por no empezarse la función de iglesia, se dejaron dos tenientes alcaldes uno a cada lado del retrato haciéndole guardia..., hasta que, concluida la función, tomó asiento el acompañamiento esperando al señor cura y demás sacerdotes que, de sobrepelliz, salieron a acompañar el retrato que fue sacado hasta el atrio, donde lo recibió el señor juez de la instancia, don Lucas González Peña...
"Gran porción de vecinos se reunió en la casa contigua a la del juez de paz, donde fue servida con abundancia carne con cuero; concluida la comida, se formó del contento general la más federal y republicana danza en el patio de la casa del señor juez de paz, adoptando nuestra 'alegre media caña por baile', la que era tocada por la música restauradora: en esta danza, aceptada alegremente por todos, no quedó nadie sin bailar, pues, todos entreverados, no se conoció distinción. La señorita doña Manuelita Rosas, digna hija de nuestro Ilustre Restaurador, y la respetable familia de S. E, dieron realce con su presencia"
 La fiesta de la catedral que describe la Gaceta 4.866: he aquí un fragmento:
"En la entrada del templo se agolpaba un numeroso gentío, y saliendo a la puerta el senado del clero, fue introducido al templo el retrato de Su Excelencia por los mismos generales que lo habían recibido, etc. La función fue celebrada con majestuosa solemnidad. Nuestro venerable y digno compatriota, el ilustrísimo obispo diocesano de Buenos Aires, doctor don Mariano Medrano, rodeado de todo el esplendor y pompa con que se ostenta el culto de la Iglesia católica en sus augustas fiestas, ofició en tan importante acción de gracias. Una magnífica orquesta acompañaba el canto de algunos profesores y aficionados. Concluida la misa, se entonó el Te Deum por el ilustrísimo prelado, que se anunció al público con repiques de campanas y una salva de artillería en los baluartes de la fortaleza. En seguida fue reconducido el retrato de Su Excelencia al carro. La caballería formó en columna, etc.
"Luego que el señor inspector general dispuso la retirada del retrato, empezó la marcha en el mismo orden, siguiendo la columna por el expresado arco principal, y de éste por la calle de la Reconquista hasta la casa de Su Excelencia. Al salir de la fortaleza el acompañamiento, se empeñaron las señoras en conducir el retrato de Su Excelencia, tirando del carro que alternativamente habían tomado los generales y jefes de la comitiva al conducirlo al templo. Las señoras mostraron el más delicado y vivo entusiasmo, y vimos con inmenso placer a las distinguidas señoras doña..."


LAVALLE

Juan Lavalle (1797-1841) es figura recurrente y protagonista tácito de la historia. Sin tener participación activa en las acciones inmediatas, su campaña militar del año 1840 es descrita en los diálogos de los personajes que ven en el antiguo soldado del ejército de los Andes, la única esperanza de libertarlos del tirano.
General Juan Lavalle
Las acciones de Lavalle son descritas, y Mármol pone en la voz del protagonista Daniel, sus opiniones con respecto a las decisiones del General  (razón por la cual Daniel nunca se equivoca, es decir, puede predecir los sucesos que realmente ocurrieron y que Mármol intenta relatar a la vez que explicar).
El autor habla siempre a modo predictivo dándole un aura de fatalidad a los sucesos que en la novela  se van narrando, pero sepamos que Mármol comenzó a publicarla en 1851 en el  diario la semana de Montevideo, contando ya con la perspectiva que pueden llegar a dar algo más de diez años. No aparecen los últimos capítulos ya que el autor vuelve a Buenos Aires luego de la deposición de Rosas en 1852 y realiza una reedición unos años más tarde con algunas modificaciones y con el apoyo de documentación a la que tuvo acceso una vez en Buenos Aires.
Lavalle (quien según el autor había sellado con sangre el “el origen de los males futuros de la patria” al asesinar a Dorrego) sin dejar de ser una figura respetada por quien escribe, es descrito como alguien incapaz de escuchar opiniones ajenas y por lo tanto incapaz de concertar con los otros opositores a Rosas, las acciones que tendieran al fin del régimen.
Existía entonces una total falta de coordinación entre los líderes unitarios exiliados como Florencio Varela y Julián Segundo Agüero, la escuadra francesa y el presidente Oriental Fructuoso Rivera (que según la novela, a pesar de la oposición política a Rosas tampoco soportaba a Lavalle).
El ex granadero, invade Entre Ríos en febrero de 1840 y derrota al gobernador Pascual Echagüe en la batalla de Don Cristobal, siendo derrotado en Sauce Grande el 16 de julio. Echagüe lo deja escapar y Lavalle se embarca en la flota francesa hacia San Pedro a 160 kilómetros de Buenos Aires.

Retirada de Lavalle
A partir de este momento empieza en el relato, la etapa en que el régimen de Rosas se tambalea, donde el temor se apodera de toda la esfera federal. Un líder como Rosas, sin otro sistema que esperar todo de la sensación de terror que él mismo causaba, y sin el talento militar debido, debía de estar muy desorientado.
El arribo de Lavalle a la ciudad era inminente. 
La novela describe las especulaciones del  pequeño círculo unitario del protagonista Daniel Bello, acerca de la llegada del ejército libertador. 
La superioridad numérica del ejercito de Rosas retirado a los cuarteles de Santos Lugares, es de 6.000 hombres contra 3.000 de Lavalle. Hecho por el cual el general unitario después de darle un susto al Restaurador emprende su retirada al Norte que finalmente se llevará su vida tras ser derrotado por las tropas de Oribe en Famaillá.
Es en este tramo del relato, el autor diserta acerca de lo que debería haber hecho el consagrado general para no terminar fracasando como finalmente lo hizo.  El ataque, según el autor, debía hacerse en Buenos Aires. En el corazón del poder de Rosas. El dictador había dejado allí, solo algunas milicias de serenos y oficiales en el fuerte de la ciudad. Se esperaba que con la entrada de Lavalle a la ciudad, estallara la revolución interna reprimida, en apoyo al libertador.
De nada servía que Lamadrid haya tomado Córdoba, que Paz tuviera el dominio de Corrientes, que la Liga del Norte de del tucumano Marco Avellaneda se afianzara también en Salta y Jujuy. El centro del poder residía en Buenos Aires y hacia allí debía haberse dirigido el ejército unitario. La debilidad rosista era moral y el momento no supo ser aprovechado.

Conducción del cadáver de Lavalle por Humahuaca, quien encontró la muerte en una bala perdida
tras la batalla de Famaillá (Museo Histórico Nacional)

"La empresa del general Lavalle, para tener éxito, debía obrar más sobre la moral que sobre la fuerza material de Rosas. El momento se ha perdido. La reacción del espíritu vendrá en el numeroso partido federal, y, repuesto de su primera impresión, será diez veces más fuerte que nosotros. Dentro de dos horas, en este momento mismo, el general Lavalle podía tomar Buenos Aires. Mañana ya será impotente. López lo sacará de la provincia. Y, entretanto, Rosas levantará otro ejército sobre su retaguardia. "
Al pasar el tiempo los espíritus federales se irían robusteciendo y el ataque sería finalmente imposible.
Lavalle nunca llegó a la ciudad porteña, decidió sin embargo buscar adhesión poniendo el énfasis en su inferioridad numérica, y al no lograr acrecentar sus milicias emprendió la retirada al norte.
Rosas seguía en el poder y comenzaba la etapa más dura para los no afines al gobierno y hasta para los neutrales. Cada vez era más necesario, dar pruebas de lealtad so pena de ser acusado de inmundo, asqueroso…
La etapa del terror había comenzado…


DEL MÉTODO de CONTROL de ROSAS

Mármol publica sobre el final del texto algunos archivos clasificatorios del Restaurador en donde constaba una ficha personal de cada individuo el cual era calificado como unitario, buen federal, lomo negro, enemigo de los restauradores, etc…
La intimidación era ejercida individualmente actuando sobre cada conciencia  por separado, cada persona sentía la inseguridad constante de estar vigilado, la delación era a su vez un medio de supervivencia y hacía más fácil que cualquiera cayera sospechado de unitario.
Todo el mundo se sentía inseguro y vigilado, no se podía confiar en nadie, y era necesario dar en todo momento y a toda persona, muestras de federalismo. De esta manera, el régimen, aislaba a sus posibles adversarios evitando su coordinación.

"Boudoir Federal" Cayetano Descalzi
El terror operaba de forma individualizante abortando toda iniciativa de acción concertada. Esta clase de "individualismo" es el que el escritor acentúa como el mal de estas tierras, donde acaece la falta de espíritu asociativo.
"Nuestros hábitos de desunión, en la parte más culta de la sociedad; nuestra falta de asociación en todo y para todo; nuestra vida de individualismo; nuestra apatía; nuestro abandono; nuestro egoísmo; nuestra ignorancia sobre lo que importa la fuerza colectiva de los hombres, nos conserva a Rosas en el poder y hará que mañana corte en detalle las cabezas de todos nosotros, sin que haya cuatro hombres que se den la mano para protegerse recíprocamente."
Mármol compara la situación con la pujante Inglaterra dónde hay asociaciones para todo:
"Sólo con espíritu y tendencias religiosas y humanitarias, existen en Inglaterra las siguientes sociedades:
Sociedad para preservar la vida de los hombres contra toda clase de accidentes: el agua, el fuego, etc. Sociedad para garantir del incendio las vidas de las personas sorprendidas por esta calamidad. Sociedad para recoger los náufragos. Sociedad para prevenir los malos tratamientos a los animales…"
Paradojicamente era el individualismo de la  Inglaterra Victoriana y su sistema de libertades individuales garantidas, el que hacía posible la libre asociación que faltaba por estos lares.


"¿Usted no sabe que ese 25 de mayo es el día de los unitarios?"  (José Mármol, "Amalia" - Pt.I, Cap.VI)


5 comentarios:

  1. me posdes desir quienes son sus opositore?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El post se llama "José Mármol y la oposición literaria ...", y el opositor es precisamente Mármol, pensé que había quedado claro. Pero si usted lee como escribe, me parece que estoy disculpado.

      Saludos!!

      Eliminar
  2. No puedo llegar a entender algunas cuestiones referidas a Rosas: su política económica nacionalista y la represión
    Héctor

    ResponderEliminar