jueves, 3 de mayo de 2012

El Miguelete Desertor

Hay desacuerdo con respecto a la participación de Juan Manuel de Rosas en las invasiones inglesas durante los años de su primera juventud. La versión de Adolfo Saldías, primer reivindicador rosista y primero en escribir una historia de la Confederación Argentina, cuenta al joven Rosas entre los activos participantes en el conflicto;
Don Juan Manuel tenía trece años. Fueran las consideraciones con que lo miraban por el nombre y posición de su familia, o por la influencia que él mismo se había creado entre sus compañeros, el hecho es que, así se inició la resistencia que debía concluir con la reconquista de la ciudad de Buenos Aires, Rosas se llevó a su casa de la calle Cuyo a varios jóvenes amigos, los incitó a la pelea, los armó como pudo, y se presentó, a la cabeza de ellos, al general Liniers. Así peleó al lado de este mismo general en la jornada del 12 de agosto de 1806. Después de la rendición de los ingleses, Liniers quiso significar a los padres del joven Rosas su agradecimiento por el servicio que éste acababa de prestar, enviándoselo con una carta honrosísima en la que les manifestaba que Rosas se había conducido "con una bravura digna de la causa que defendiera". Lanzado en pos de los nobles estímulos que llevaban a toda la juventud de Buenos Aires a defender la patria de la nueva invasión inglesa que se anunciaba, Rosas se alistó en el cuerpo de Migueletes de caballería, y asistió a las jornadas memorables del 5 y 6 de julio de 1807, que terminaron con la capitulación del general Whitelocke. Don Martín de Álzaga y don Juan Miguens lo remitieron en seguida a su padre don León con una carta que acreditaba su comportación en campaña. Estas cartas se encuentran originales en poder de la señora Manuela de Rosas de Terrero.

LA OTRA VERSIÓN

El joven Juan Manuel se encontraba en las vísperas de sus 14 años cuando acudió a los centros militares para estampar su nombre en la lista de la segunda compañía del escuadrón de Migueletes. Se le asigna un sueldo de doce pesos mensuales que cobra regularmente...

Miguelete de Billiken para recortar y pegar
y una cabeza que no pega
Los ingleses se habían quedado con la sangre en el ojo debido a la fallida incursión de 1806, y se disponían para una segunda invasión. En los Migueletes, como en los demás cuerpos, se observaba severamente la instrucción militar. Las sucesivas revistas de los meses de abril y mayo nos muestran al soldado Rosas cumpliendo con las disciplinas del regimiento. Los ingleses llegan por entonces al Río de la Plata, capturan la población de Maldonado, en la Banda Oriental, y emprenden acción contra Montevideo, que cae en poder de los invasores tras dieciséis días de lucha. El 2 de junio llegan a Buenos Aires noticias del arribo de refuerzos para Inglaterra. Vienen desde el Cabo Buena Esperanza. El ejercito atacante está decidido ya en sus maniobras y opera bajo la conducción del general en jefe John Whitelocke. Tras la ocupación de la colonia del Sacramento se organiza la captura de Buenos Aires. Cien velas se despliegan en el río frente al Fuerte, velas que se vuelcan sobre la Ensenada de Barragán. Estamos a 28 de junio. En la lista del cuartel de los Migueletes el soldado Rosas no está presente ese día, con una anotación en el margen de la planilla: "ausente en su casa". Más de diez mil soldados ingleses, divididos en cuatro cuerpos, avanzan sobre Buenos Aires. El 1º de julio se colocan las avanzadas a dos leguas de la ciudad. Ese mismo día ya no figura el soldado Rosas en la lista de asistencia de los Migueletes, pero en su margen hay un asiento: "Juan Manuel de Rosas se apartó del servicio el 1º de julio". Era lo que vulgarmente podría denominarse "deserción", con todas las circunstancias agravantes que supone la existencia del enemigo en sus narices. El regimiento sale a combatir ese mismo día. Las casacas rojas de sus soldados ondulan hacia el Riachuelo de Barracas, que ya Juan Manuel ha superado con su familia, pero con otro rumbo: el de la cría de vacas.

La lucha llegó a hacerse intensa. Los ataques de las columnas invasoras se estrellaban contra un fervor inconmovible en las mismas calles de la ciudad. Cada azotea era un cantón, cada ventana un punto de apoyo para los defensores. Mujeres y niños como Manuela Pedraza, Martina Céspedes, Agueda Tejerina y Ventura Fernandez, hicieron lo que dejaron de hacer Rosas (padre e hijo).

Años más tarde, desde su exilio en Southampton, Rosas escribe a su amiga Josefa Gómez (su representante en Buenos Aires para diversas gestiones y recolección de fondos), aclarándole su actividad durante las invasiones inglesas. En la carta fechada el 2 de mayo de 1869, le dice que tenía 13 años cuando se presentó voluntario a Liniers y éste lo destinó a llevar cartuchos a un cañón. En la misma carta acepta que al año siguiente sirvió en los Migueletes, pero no refiere acción alguna.


 Fuente:

  • Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina (1887), Ed. Oriente, 1975
  •  Burnet-Merlín, Alfredo R. Cuando Rosas quiso ser inglés, 1a. edición. Abril, 1974

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